Desde ese momento la historia transcurre entre el malestar del presente de la nena y su mamá, que  intentan reconstruir la historia familiar, y los largos flashback, donde se expone la triste existencia de Juan –que incluye un crimen nunca resuelto– y la relación que tuvo Ema y con una fantasmal niña, que no solo es físicamente similar a la que será su nieta en el futuro, sino que guarda una alarmante semejanza con la muñeca que lo acompaña en sus agobiantes jornadas pautadas por la miseria.
Había una vez un cine argentino –allá, en un período que abarca desde los lejanos ’70 hasta buena parte de los ’90–, un cine que tenía mucho que decir sobre la atormentada alma humana, cargado de significados, consciente de su importancia trascendental. Pues bien, ese nutrido grupo de películas, con poquísimas excepciones, fue el responsable de que se instalara la idea de que los films nacionales eran decididamente malos. Las voces de Pablo Torre (El amante de las películas mudas, La cara del ángel, La mirada de Clara), de Leopoldo Torre Nilson hijo, remite a ese cine viejo, hinchado de importancia, incomprensible, con una puesta pesada que confunde importancia con solemnidad, a los que le suma ciertos toques sobrenaturales que no hacen más que agregar elementos sin resolver a un relato de por si desflecado.

LAS VOCES
Argentina, 2012.
Dirección: Pablo Torre. Con: Jean Pierre Noher, Ana Celentano, María Socas, Wanda Brenner, Alejandro Awada. Duración: 93 minutos.

Publicado originalmente en Tiempo Argentino

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