“La larga noche de Francisco Sanctis”, ópera prima de Andrea Testa y Francisco Márquez, adaptación de la novela homónima de Humberto Costantini, participa de la Competencia Internacional del 18vo. Bafici y además fue elegida para formar parte de la Selección Oficial del Festival de Cannes, en mayo próximo, donde participará de la sección Una Cierta Mirada.

“La larga noche…”, que en Cannes también competirá por la Cámara de Oro que premia a la mejor opera prima del certamen francés, es un thriller político que narra la historia de un hombre de clase media, gris, pasivo, que de golpe se enfrenta a la responsabilidad de combatir a sus fantasmas y salvar a dos jóvenes militantes en plena dictadura militar.

“Costantini habla de lo cotidiano y de personajes grises, que podrían pasar desapercibidos. Aborda lo que se llamó ‘la mayoría silenciosa’, gente pasiva que fue una base para la dictadura. Por eso, esta es una historia que nos puede interpelar hoy, porque habla sobre el compromiso social y sobre la voluntad de salir del individualismo”, afirmaron los directores en una entrevista con Télam.

La película, apela al compromiso político del protagonista, un oficinista que perdió hace tiempo su capacidad de reacción frente a la realidad, y lo hace con una puesta en escena sobria y extraña que subraya su punto de vista, sus sensaciones y sus temores en el término de un único día.

Ganadora del Premio de Óperas Primas del Incaa, del premio del Fondo Metropolitano de las Artes y de la Ley de Mecenazgo porteños, “La larga noche de Francisco Sanctis” propone el reflejo de un conflicto interno del protagonista, interpretado magistralmente por Diego Velázquez, “donde el desafío de nuestro trabajo era ver cómo contar ese mundo interior a partir de imágenes, gestos y sonidos”, indicó Márquez.

Por su parte, Testa señaló que el personaje afronta el conflicto de “cómo abandonar su rutina y sus comodidades para arriesgarlo todo y salir esa noche a buscar a esos jóvenes. Al avisarle que serán secuestrados, es como si le hubieran metido un hechizo en la cabeza del cual no puede huir. ¿Cómo seguir viviendo si no hace nada a partir de lo que sabe? Lo que pasa es que él queda envuelto en ese dilema”.

Con una puesta en escena minimalista y extraña, que convierte a la ciudad de Buenos Aires en un laberinto oscuro y amenazante donde Sanctis debe moverse solo enfrentando sus temores, la película apela al suspenso “como un género que -según Márquez- permitía una comunicación con un público mucho más amplio, pero al mismo tiempo posibilitaba trabajar más con lo climático, lo atmosférico y las sensaciones internas del protagonista”.

En ese sentido, Testa indicó que se proponían “una puesta en escena donde no fueran explícitas ni la militancia ni la dictadura. Hay un clima de asfixia y de tensión latente. Queríamos contarlo desde lo sensorial, como un espacio donde no poder vivir. Sentíamos que el bagaje previo del cine sobre el terrorismo de Estado generó un imaginario colectivo en el cual podíamos basarnos para abordarlo desde un lugar menos explícito”.

Padres de Sofía, una niña de dos meses que se gestó y nació paralelamente a su primera película, Testa y Márquez se conocieron en la Escuela Nacional de Experimentación y Realización Cinematográfica (Enerc), donde compartieron la dirección y producción de varios cortometrajes, además de “numerosos debates sobre lo que queremos ver en el cine y cómo incorporar la política en nuestras películas”, recordaron.

“La idea era debatir y argumentar cada plano, decidir juntos qué era lo mejor para cada escena, más allá de nuestros gustos e ideas personales”, dijo Testa, la primera en acceder a la novela de Costantini, gracias al consejo de un librero del Parque Centenario: “La leímos muy rápido y a los dos nos impactó el punto de vista que tenía sobre la dictadura, porque no habla desde la posición de un militante, sino de un hombre común”.

“Hubo una necesidad mutua de filmarla y un proceso largo que nos permitió macerar las ideas y encontrar la mejor forma de hacer la película, gracias también a los aportes del fotógrafo Federico Lastra y la productora Luciana Piantadina”, indicaron los directores, que se mostraron muy contentos por llegar a Cannes y competir en el Bafici, un espacio que los formó como público y cineastas.

Con Laura Paredes, Valeria Lois, Marcelo Subiotto y Rafael Federman, la película “está dividida en dos, porque a partir de que Sanctis baja del auto donde se entera de lo que va a ocurrir esa noche, hay un quiebre emocional y formal importante, oscurece, todo se empieza a desnaturalizar y enrarecer. La película se empieza a ver de otra manera. Lo empieza a invadir el miedo y el temor”, añadió Márquez.

Publicada originalmente en Télam

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