Poder asistir a festivales de cine en los que tienen su premier internacional muchas películas es una experiencia fantástica para cualquier cinéfilo. Uno imagina que debería serlo también para los críticos: la situación de llegar “virgen” a la proyección, la ausencia de spoilers e interpretaciones previas y la duda en cuanto a si la percepción propia será compartida forman parte de esa instancia única e irrepetible. Sin embargo, tras cada presentación hay una escena que tiende a repetirse entre estos últimos. Y esta es la del incómodo silencio que todos demoran en romper para ver cuál ha sido el veredicto. El premio para los valientes (y sobre todo para los que gozan de cierto prestigio) es grande: una vez repetida esa sentencia dos o tres veces, la decisión se transforma prácticamente en inapelable. La cantinela será repetida y apartarse de ella ya no será tan fácil.

CANNESRecomiendo el ejercicio de comparar las críticas que se realizan durante los festivales con las que luego se producen al momento del estreno comercial de la película en cuestión. Hay películas que ganan o pierden con el tiempo, hay algo así como una decantación y posible cambio de opiniones o percepciones, pero también –sospecho- mucho que tiene que ver con la fuerza de un consenso que termina por imponerse más por el lugar que ocupa en el universo de la crítica quien opina o dictamina sobre la obra en cuestión o por el peso de una mayoría de la que cuesta despegarse. Así, no dejan de sorprender los súbitos volantazos tendientes a acomodar el rumbo en el marco de la deriva que termina siendo la “posición definitiva”.

1004408En lo que tiene que ver con el pasado más reciente, se extraña ese rol que en su momento supo cumplir la revista El Amante. El atreverse a manifestarse en contra de esos aparentes consensos, a atacar a los indiscutibles o indiscutidos. Lo que sucede es que ha mutado el canon y hoy es mucho más fácil (y cool, por cierto) destrozar en unos pocos caracteres toda la obra de Bergman que osar poner en duda algo de lo que hacen Ben Stiller o Adam Sandler. Ese cambio acaecido en los 90, al calor del nacimiento del entonces Nuevo Cine Argentino, sigue teniendo vigencia en la actualidad. Hablar de Nuevo Cine Argentino ya forma más parte de la historia que del presente pero mucho de la crítica, sanamente revolucionada por esos tiempos, pareciera seguirse rigiendo por aquellos parámetros, directivas y, sí, consensos.

En fin, en momentos en los que el uso medianamente correcto del idioma castellano y de los signos de puntuación tiende a tornarse optativo, en tiempos en los que la explosión de vías digitales ha democratizado pero también afectado el nivel de la crítica de cine a la que podemos acceder, el verdadero espíritu crítico se ha transformado en un valor raro y cada vez más necesario.

Un texto que sea un hecho artístico en sí mismo, cuya lectura nos provoque, nos inquiete, nos interrogue o nos cause placer es lo que buscamos en la crítica de cine. No saber cómo salió la película en esas elecciones que parecieran estar aún regidas por el voto calificado.

*El Amante/Cine, La Autopista del Sur (Radio AM750), Otros Cines, Diario BAE.

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