Hace trece años Disney lanzaba un hermoso film -ganador al Oscar a mejor película de animación- ambientado en el fondo del mar y con la participación de dos pequeños peces payasos. Buscando a Nemo centraba la mayor parte de su atención en ese vínculo particular entre padre e hijo que se teje en función a la pérdida de la madre del pequeño. En un acto de desafío y rebeldía, Nemo se aleja del grupo y luego de su padre Marlin, lo que lleva a la captura del pececillo por parte de unos buzos. Todo el film se despliega en función de ese rescate pero en realidad la “búsqueda” de Nemo es una excusa para tejer una segunda línea argumentativa que se adentra en lo vínculos, el amor, la confianza y la autoestima. Desde esa perspectiva, la compañera de viaje de Marlin -la encantadora Dory quien padece de pérdida de memoria a corto plazo-, es fundamental no solo para que padre e hijo se reencuentren sino para que Marlin comprenda que su hijo, a pesar de las limitaciones aparentes, puede ser un gran pez.

Cómo continuar esta estructura narrativa con un segundo film fue, desde ya, un enorme desafío que, de no serlo, los guionistas no se hubieran tomado más de una década en animarse. Efectivamente Nemo no puede volver a perderse porque aquella pérdida no era solo física sino metafórica, al igual que la de Marlin. Y por otro lado, lo cierto es que Dory siempre ha estado perdida desde la primer entrega: no sabe de dónde viene, no sabe si tiene o no familia, no sabe por qué sabe hablar cetáceo (la lengua de las ballenas) ni sabe a dónde se dirige. Es la cercanía de Marlin, y la búsqueda desenfrenada de Nemo, la que le da cierto eje momentáneo y la sensación de hogar.

buscando-a-doryDe esta manera, trayecto de este segundo guión, está de alguna manera inscripto en el primero y los resultados del mismo son afortunados. En Buscando a Dory nos reencontramos con viejos personajes que habitaron la primera entrega a la que se suman nuevos compañeros: el pulpo Hank, una pareja de leones marinos y Destiny, un tiburón ballena un tanto corta de vista, entre otros.

Si bien ya en el primer film se trabajaban temas vinculados con la aceptación de la diferencia, la convivencia grupal y las articulaciones familiares, que van más allá de los lazos de parentesco, aquí se redobla la apuesta ubicando a Dory como un miembro fundamental de la pequeña familia de Marlin y Nemo. Por otro lado, el film se lanza a la búsqueda de la familia sanguínea de Dory a quien ella a duras penas recuerda.

Buscando a Dory resulta un film bien logrado sobre la constitución de la familia, la identidad y la memoria, en la que milagrosamente no hay villanos y en los que se percibe de fondo en nítido mensaje ecológico dirigido a los más pequeños.

BUSCANDO A DORY
Finding Dory. Estados Unidos, 2016.
Dirección: Andrew Stanton, Angus MacLane. Guión: Andrew Stanton. Música: Thomas Newman. Duración: 103 minutos.

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