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Para quien no conozca Nápoles, “Historias Napolitanas” les dejará un sabor a exceso, a surrealismo, para quienes la hayan abordado íntimamente desde la literatura, el cine o en persona “Historias Napolitanas” no dejará de tener un maravilloso dejo costumbrista. Sin duda Nápoles es el lugar más parecido a Macondo que existe en el universo, donde lo real maravilloso, diría Alejo Carpentier, nos puede asaltar a la vuelta de cualquier esquina, con la naturalidad de la garúa.

Con esta prevención debemos someternos, si decidimos seguir a pie juntillas el relato articulado en tres historias del extraordinario film de Antonio Capuano.

Interconectado por la relación familiar de un padre: Giggino, un abuelo: Antonio y el nieto Marco y como un gran telón de fondo la jungla de Bagnoli, un barrio post industrial deprimido y degradado por las bondades del neoliberalismo, tan deprimido como desgarrado como los tres protagonistas, sitiados por la desolación y un futuro con demasiado sabor a soledad y muerte.

Así todo Capuano se las arregla para sacarnos sonrisas y carcajadas entre tanta desolación, entre tanta angustia cotidiana. Desgrana situaciones tan insólitas como reales en una Nápoles donde un caballo puede estar descansando en el dormitorio de un departamento en un quinto piso, o encontrarnos a una monja que en su propio convento reciba a Giggino, un simple ratero, a quién le comprar el producto de sus robos, que puede ir desde un celular, o DVD pornos, no importa, si arreglan un buen precio, o que un temible mafioso pague por escuchar el relato del abuelo Antonio como fue la última noche de Maradona en la ciudad.

Desopilante por sus detalles fellinescos, como la pareja que carga el sillón del living por medio de la calle para ir a la playa, como si fueran una simple reposera; que una, más que sugerente y provocativa ama de casa, reciba al cura con monaguillo y todo que llega a bendecir su casa; o que una estatura viviente que representa a Italia entre containers repletos de basura termine bailando para marco el Ballet Petrushka de Ígor Stravinski, en una calle del barrio.

Historias napolitanas nos desborda, nos arrastra a un mundo que nos persigue derrotado y extenuado como la acería donde abre y cierra el film, no alcanza con una sola vista, tendremos que abordarla varias veces para comprender todo el vacío de un mundo que extraviado en la soledad de su inmenso poder, empezó a perder el rumbo.

HISTORIAS NAPOLITANAS
Bagnoli Jungle. Italia, 2015.
Dirección: Antonio Capuano. Intérpretes: Antonio Casagrande, Luigi Attrice, Marco Grieco, Olena Kravtskova, Sarahnaomi Attanasio, Angela Pagano y Gea Martire. Música: Federico Odling. Edición: Diego Liguori. Dirección de arte: Flaviano Barbarisi. Duración: 100 minutos.

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