Mostramos la realidad a través de intersticios, de agujeros, del espacio que dejan las varas de una reja (…)” se lee en el portal del Grupo de Boedo Films, como una suerte de declaración de principios. El colectivo, integrado por egresados de la Escuela de Arte de Avellaneda, ha demostrado desde 1992 su compromiso con la realidad del país a través su producción documental. El estreno de La ilusión de Noemí de Claudio Remedi (Fantasmas en la Patagonia, Agua de Fuego, Esma, La historia invisible), es su primer largometraje de ficción.

La infancia puede abordarse como un territorio fértil desde donde poder proyectarnos con una mirada propia sobre el mundo. Esa construcción íntima y personal de Noemí servirá como punto de partida para una historia que propone a sus protagonistas, el desafío de preservar su escencia e ir en busca de sus deseos.

ilusion2Noemí tiene 11 años, perdió a su mamá de muy pequeña y vive junto a su padre (Sergio Boris) un trabajador del astillero de Berisso. Dentro del barrio industrial está también su tía abuela, una mujer ríspida y devota de la Difunta Correa, quien se encarga de mantener (o apropiarse) del recuerdo de su madre y participar en la crianza. Su mejor amigo es Sergio. El jóven vive con su mamá (Licia Tizziani) tras la separación de sus padres. Ellos comparten sus días en el colegio, la costa del río y en sus casas disfrutan de las distintas aventuras que se proponen. Una de ellas, es jugar a ser arqueólogos para descubrir un tesoro enterrado en el jardín de la casa de Noemí. Un tesoro perteneciente a su mamá. A partir de allí, y bajo esa motivación, la acción irá avanzando, hasta con cierto misterio, en una búsqueda que permitirá a la niña rearmar su pasado.

Nada parece fácil en la pequeña localidad del conurbano. Las dos familias se presentan con un montaje paralelo que las comienza a vincular. En el barrio todo se logra con mucho esfuerzo y solidaridad dentro de un contexto difìcil: falta de empleo, falencias económicas y las ausencias familiares son algunos de los problemas que deberán vivenciar los chicos, que logran, a través de su frescura, un buen contrapunto frente al drama.

Los personajes intentan complementarse con acciones mínimas o pocas palabras. Cada uno de ellos carece de algo que los motivará a solidarizarse con el otro y a vincularse para paliar ese clima anodino de pueblo. Y en esa búsqueda, se logra una buena interpretación de parte de los chicos y de Sergio Boris, en un papel que le sienta muy bien.

En relación a los objetos Noemí y su tía se relacionan con ellos desde un lugar simbólico: el contenido de la caja del tesoro, la urna con las cenizas de su madre, las estampitas en las paredes y las imágenes de la difunta correa. Tal vez, como relata la leyenda, puede traducirse en una necesidad implícita de seguir amantando a esa niña sin madre a quien se deberá cuidar y acompañar en su crecimiento.

Remedi observa y muestra a sus protagonistas de manera cálida pero con cierta distancia. Y en esa elección, el uso del sonido ambiente enlaza las imágenes y realza aquello que ven y sienten los personajes, como si nada debería estar desvinculado. Bajo esa conexión, el realizador subraya el peso de la ausencia no sólo en la vida de los chicos sino también en la de los adultos. Sin embargo, el relato sufre de muchos altibajos en la realización. Hay un artificio evidente, como en la escena del hospital, que no se logra resolver con solidez. Lo mismo sucede con algunas escenas innecesarias, una puesta de cámara pretenciosa, planos reiterados o algunos usos del gran angular que resultan disfuncionales e impiden la fluidez narrativa acorde a la historia que se narra.

Filmada en escenarios de Buenos Aires, Berisso y La Plata, La ilusión de Noemí logra una mirada nostálgica y reparadora sobre la infancia, junto a un correlato social que no descuida. Hacia el final, el optimismo que se percibe en relación al deseo se completa con una dedicatoria: “a todos los que sueñan con otro horizonte”.

3ojookLA ILUSIÓN DE NOEMI
La ilusión de Noemí, Argentina, 2016.
Dirección: Claudio Remedi. Intérpretes: Sergio Boris, Licia Tizziani, Martina Horack, Joaquín Remedi, María Inés Aldaburu. Guión: Claudio Remedi. Fotografía: Lucas Martelli. Música: La Rocola de Jamelish. Edición: Gabriela Jaime, Claudio Remedi. Duración: 133 minutos.

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