16/04/2013 Roma. Presentazione del film Qualcuno da Amare. Nella foto il regista Abbas Kiarostami

Abbas Kiarostami, el director que puso en el mapa cinematográfico del mundo a Irán, murió hoy a los 76 años en un hospital de Paris. En los últimos meses el realizador estuvo internado debido a varias cirugías intestinales. Sus restos serán trasladado a Irán.

Kiarostamí ganó varios premios internacionales como la Palma de Oro de Cannes en 1997 por su película El sabor de las cerezas, así como el gran premio del jurado del festival de Venecia en 1999 por su película El viento nos llevará, entre otros.

El director Iraní es el autor de joyas del cine como A través de los olivos, ¿Dónde está la casa de mi amigo? y Close-up, solo por mencionar algunos de sus inolvidables films, Kiarostami fue, por encima de todo, un defensor del arte, de la libertad de expresión.

Pero antes de convertirse en una de las figuras más prestigiosas de la nueva ola del cine iraní y de ser la cabeza visible de una cinematografía sorprendentemente rica pese a las dificultades, Kiarostami comenzó a aprender el oficio en la publicidad tras estudiar Bellas Artes.

Ejerció de ilustrador y guionista, rodó anuncios publicitarios, realizó dibujos para libros infantiles y comenzó a preparar su entrada en el cine con cortometrajes, hasta que en 1973 realizó su primer largo, Tadjrebeh.

Sería el primero de apenas una quincena de películas, con un un estilo de cine que, como él reconoció en varias ocasiones, estaba desapareciendo.

“El cine es básicamente una industria que de vez en cuando produce una obra de arte”, sentenció hace un par de años en una entrevista.

Kiarostami fue siempre fiel a un estilo por el que se le reconoció internacionalmente, un éxito que sin embargo no se reflejó en una mejor de su situación y la del resto de los cineastas en Irán. Incluso prohibieron la exhibición de películas suyas como Copia certificada con la excusa de la vestimenta de la protagonista, la francesa Juliette Binoche, no era adecuada para la moral islámica que rige en la República Islámica.

Por eso, y desde su privilegiada posición en el panorama cinematográfico internacional, Kiarostami no desaprovechó ninguna oportunidad para denunciar la represión cultural en su país y defender a otros cineastas como el detenido Jafar Panahi.

Su última película fue una producción realizada en Japón, Like someone in love (2012) y preparaba un proyecto a rodar en China y con actores chinos.

“Trabajar con otra lengua es una experiencia que demuestra que habitualmente nos ponemos más barreras de las que existen, pues somos muy parecidos: el material común es una geografía universal y todos somos seres humanos”, explicó el realizador.

 

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