Las primeras imágenes ya establecen el tono. Nos adentramos como a través de un vidrio oscuro. Vemos al personaje de Alejandra (Ailin Salas) sentada en el medio del campo. Mira a cámara, nos damos cuenta que no es un personaje normal, no es como el resto, es un otro. Luego la vemos dormida o desmayada en el mismo lugar. Lucas (Lucas Schell) la encuentra y se la lleva a la granja en que vive con su familia. Ella no da mayores explicaciones de donde viene, ellos la incorporan sin mayores cuestionamientos a formar parte de su casa y su cotidianeidad. El campo está sufriendo una helada que echa a perder la cosecha pero esto cambia con la llegada de Alejandra. Pronto se esparce en el pueblo cercano el rumor de que la joven es una santa y tiene poderes de sanación.

Maximiliano Schonfeld vuelve a los escenarios de su primer película, Germania (2012), los del campo entrerriano, y a sus personajes, la comunidad de descendientes de alemanes del Volga. Escenarios que Schonfeld conoce bien, ya que es oriundo de Crespo, pueblo de la zona, de donde salieron (otro fenómeno milagroso) otros realizadores de su generación como Iván Fund y también Eduardo Crespo, quien estrenó recientemente un interesante documental llamado precisamente Crespo.

ailinLo que Schonfeld hace aquí es introducir un elemento disruptivo con el personaje de Alejandra y contar una suerte de fábula en un tono a la vez naturalista y a la vez de cuento de hadas. La película se mueve con fluidez en ese espacio de ambigüedad y de cruza. Por un lado se nos muestra la vida de la familia de Lucas con un registro realista, casi documental. Y, a la vez, se nos muestra la presencia sobrenatural de Alejandra con recursos del cine fantástico. Recursos del género que el realizador toma pero sin llegar a introducirse plenamente en él.

Por otro lado la ambigüedad se aplica también al personaje de Alejandra y a sus intenciones. Si bien la comunidad la acepta y no duda de su carácter benigno, las cosas no son tan claras para el espectador quien tiene elementos para cuestionarse su carácter de bruja buena o hada oscura. Sobre todo cuando puede ver en determinado momento que no dijo todo de sí misma, de adonde pertenece, de cómo llegó allí, ni que vino a buscar.

Alejandra es una completa extraña incluso en cuanto al género (es la única mujer en una casa de hombres) y a nivel étnico, un toque de mestizaje en esa comunidad cerrada de descendientes de europeos blancos, cuya ajenidad revoluciona el pueblo y desencadena toda una serie de reacciones. Schonfel refuerza esa ajenidad colocando a Salas como la única actriz profesional en medio de su elenco de no-actores.

La helada negra es una película de atmosferas. Para ello es fundamental la fotografía de Soledad Rodríguez, que realza y sostiene el clima de irrealidad. Se trata de una película que juega sutilmente con la espiritualidad, con la fe y el misterio.

4ojookLA HELADA NEGRA
Argentina. 2016.
Dirección: Maximiliano Schonfeld. Intérpretes: Ailín Salas, Lucas Schell, Benigno Lell, Dario Wendler y Mario Wendler. Guión: Maximiliano Schonfeld. Fotografía: Soledad Rodríguez. Edición: Anita Remón. Duración: 82 minutos.

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