Cuando abrió sus puertas el Alvear Palace Hotel, en 1932, el joven Tarzán, o mejor dicho, su historia ya había cumplido 16 años. El pibe blanco criado por monos logró vivir para contar la tragedia que lo dejó huérfano en medio de la selva y cien años más tarde, el cine sigue sacándole jugo la obra de Edgar Rice Burroughs.

La mención al hotel que en la década del 90 fuera la base de operaciones furtivas del ex presidente Carlos Menem no es casual. En los ‘30, los ‘90 o simplemente la semana pasada, el dorado, las pieles y el lujo siguen siendo la constante en los pasillos y salones elegidos esta vez como escenario para la charla de la prensa con Alexander Skarsgård, el nuevo Tarzán que hoy llega (aquí la crítica) al cine en 3D y dirigida por David Yates, el mismo de las últimas cuatro entregas de Harry Potter.

“No se permiten selfies, entrega de regalos y pedidos de saludos. Y por favor hablen bajo”, fueron algunas de las recomendaciones que recibieron los cronistas. Pedidos ciertamente razonables que lejos de enojar, suenan como un bálsamo para quienes solo quieren preguntar y tomar notas sin lidiar con gente que trabaja “de graciosa”. Lo que si podía resultar algo excesivo era la presencia adicional de patovicas de traje negro con audífonos estilo MI6. Tal vez fuera parte de las exigencias de la Warner, productora de La Leyenda de Tarzán y guardiana del protocolo y la imagen de sus artistas.

También existe la posibilidad de que el estilo british de la custodia estuviera asociado al toque Bond de la película. Esta vez Tarzán arranca tomando el té con el primer Ministro y se mueve a placer en los palacios de la Corona. Le gusta manejarse solo y aunque es monógamo la presencia femenina en la película es importante. Las veces que pelea con alguna bestia, con nativos o con mercenarios malísimos, la pasa mal. Pero se levanta con el traje –en este caso una austera bermudita más de surfer que de hombre mono-, seco listo para seguir adelante.

Igual que James Bond, Tarzán sirve a la Reina y eso los ubica en un lugar difícil de defender. Para colmo en esta aventura se alía a un representante del gobierno de los EEUU. Contradicciones al margen, ese marco de alianzas solo puede tener enfrente a vilanos como los que responden a los intereses del Rey Leopoldo II de Bélgica, genocida y perseguidor de diamantes.

Los progresistas del mundo pueden estar felices porque el cuadro se completa con una Jane (Margot Robbie) que actúa con inteligencia y siempre va a la frente alejada de cualquier parámetro machista de los siglos anteriores. Tarzán no es vegano pero le pega en el palo. No acogota pitones ni degüella cocodrilos como acostumbraban Johnny Weissmüller o Ron Ely entre los años 30 y los 70.

Lo que mejoró notablemente es la resistencia de las lianas que ya no solo no se cortan en medio de un salto entre árbol y árbol sino que vuelan con increíbles autonomías.

¡Ah! La charla Alexander Skarsgård! Sentado en un sillón afrancesado, el sueco saludó siempre con una sonrisa. Estrechó a todos y todas sus manos grandes, no tanto como las que exhibe en el film y se dispuso a repetir las respuestas que ya dio en las paradas anteriores de la gira promocional. A saber:

ale“Cuando supe que Christoph Waltz, quien ganó dos Oscar, había pedido el personaje de Rom y que Samuel L. Jackson sería mi compañero, me entusiasmé. Durante el mes de ensayos que compartimos en Londres pude relacionarme con ellos y comprobar que son personas normales, muy generosas y para nada intimidantes”.

“Acabo de llegar de Estocolmo, donde viví el estreno en Suecia como una verdadera fiesta familiar con mis padres y mis hermanos. Para mí es increíble interpretar al héroe de la juventud de mi papá”.

“Me agradan las películas pochocleras pero me gustan el arte, las historias y los personajes con profundidad. Esos que permiten que uno pueda conectarse con ellos de modo que a los espectadores les importe si viven o si mueren”.

“David Yates ya demostró que puede hacer aventuras y obras grandes, pero yo personalmente era fan de sus obras más íntimas y más centradas en los personajes que hizo para la televisión inglesa. Si hubiese sido simplemente una película de acción no me hubiera interesado, francamente”

Alguna pregunta lo desvió ligeramente de la corrección ISO 9002. ¿Observó alguna intención política asimilable a los tiempos actuales en esta suerte de misión de observadores internacionales que encaran un enviado del gobierno de los Estados Unidos?

“La gente no sabe del genocidio que hizo el Rey Leopoldo ni del daño a los animales y la naturaleza. Es una oportunidad de hacer brillar una luz y mostrarlo. A pesar de que fue hace más de cien años y que la esclavitud fue abolida, sigue existiendo un prejuicio respecto de los aborígenes, hay una prevalencia del imperialismo”, dijo. Por las dudas retomó la palabra para asegurar que “sería muy positivo que la ONU tuviera un Tarzán para enviar a las zonas de conflicto”.

Observados por el protocolo, todos saludaron al ex vampiro de la serie True Blood (HBO) y emprendieron la retirada. Unos minutos después, antes de encarar el frío de la calle, este cronista descubrió que la seguridad del mundo Warner estaba más cerca de los decorados de los estudios que del rigor de los MI6. Al entrar raudo al baño primer piso del Alvear, listo para el último disfrute de las comodidades de la oligarquía porteña, se chocó de frente con el protagonista de Tarzán. Mientras Lord Greystoke se secaba las manos hubo un intercambio de palabras incomprensibles para ambos (la traductora estaba lejos).

Para tranquilidad de los organizadores, no hubo selfies, entrega de regalos ni pedido de saludos.

*Periodista. Colaborador habitual del diario La voz del Interior en la sección Espectáculos. Co-conductor del programa “Vayan a laburar” por AM 750.

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