Leo por ahí, en un reportaje, que Matteo Rovere, director de Veloz como el viento dice que “el auto es la verdadera metáfora de la familia”. Imagen compleja de visualizar ya que los autos son personajes imprescindibles en el cine, motivos perfectos que trabajan no sólo la idea de la familia sino los conceptos de traslado, del devenir, del adentro y su relación con el afuera, de la velocidad y de la lentitud. Pienso en El sabor de la cereza de Kiarostami pero también en Rush de Ron Howard, películas opuestas y a la vez complementarias donde el auto es el hilo conductor. La lentitud en uno y la velocidad en la otra se unen para dar cuenta de la soledad y el aislamiento de sus protagonistas.

En Veloz como el viento sucede algo similar (pero sin la maestría ni del maestro Kiarostami ni la brillantez de Ron Howard) los pilotos, hermanos de sangre, se recluyen en ese adentro que de tan cerrado es asfixiante. La asfixia que provocan las relaciones humanas, la falta de dinero, la idea del progreso están planeadas con tibios rasgos en esta película, que desaprovecha un buen material.

A golpes de efectos el guión avanza plagado de lugares comunes que ni los arranques de los autos y sus caminos polvorientos pueden detener. Ya el comienzo es más que melodramático y sienta las bases para que la película se desarrolle y caiga en un drama familiar muy poco seductor. A través de un montaje paralelo feroz donde la carrera de la hija se equipara a la muerte del padre, el arranque de la película es efectivo aunque demasiado transitado.

velozLa sonoridad de la película es el verdadero hallazgo; el rugido de los autos y las escenas de las carreras están bien planteadas. Esos rugidos rememoran rugidos de animales salvajes como sucede en alguna secuencia donde se los equipara a los ladridos de esos feroces perros que también llevan en su sangre la ferocidad del enemigo de los hermanos, ese hombre que en un principio quiere cobrar su deuda y sobre el final será el salvador de la familia.

Que descubramos que el piloto que maneja ese auto sobre el comienzo de la película es una adolescente desafía un poco los preconceptos acerca del automovilismo como fetiche masculino, esa hija que renace con la muerte del padre será quien conduzca, como su auto, el hilo narrativo de la película. Su hermano, un borrachín, drogadicto, que vive al límite aprenderá de la mano de su hermana y de sus propias obsesiones a acompañar a sus ahora huérfanos hermanos. Salvar la casa familiar (y con ella recuperar la familia y el estirpe de un nombre, de una tradición) será el objetivo.

Veloz como el viento salpica adrenalina pero carece de pasión, ofreciendo un vértigo sensiblero, vacío, común.

2ojookVELOZ COMO EL VIENTO
Veloce come il vento. Italia, 2016.
Dirección: Matteo Rovere. Intérpretes: Stefano Accorsi, Matilda De Angelis, Roberta Mattei, Paolo Graziosi y Tatiana Luter. Guión: Filippo Gravino, Francesca Manieri y Matteo Rovere. Fotografía: Michele D’Attanasio. Música: Andrea Farri. Duración: 119 minutos. Apta para mayores de 16 años. Salas: 19.

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