Como primer comentario el Oso de Oro en el último Festival de Berlín trasluce como exagerado salvo, claro está, si el galardón solo repara en las intenciones humanitarias del film reparaban y no tanto en sus formulaciones estéticas que no fueran más allá de la corrección política y de la coyuntura temática y social. Efectivamente, Fuocommare, del director italiano de documentales Gianfranco Rosi (Sicario’s Room, 2010, exhibida en el DocBuenos Aires) explora el relato de observación colocando el ojo de la cámara en los migrantes africanos y de otras latitudes que ingresan a Europa por la isla de Lampedusa, ubicada en Sicilia.

Tema cotidiano de informes periodísticos, sin embargo, el centro de interés del documental se reparte en dos ejes: las vivencias y las ansias (junto a los peligros y riesgos) del grupo de personas que llegan a la isla, y por otro lado, la descripción de los habitantes del lugar, haciendo hincapié en el niño Samuele, tipificado por el director como un heredero de los púberes de la poética neorrealista de los años 40 y 50.

fuocoammareLa película, elegidos esos dos centros de interés, estimula su potencia narrativa desde el registro directo de un pueblo y sus quehaceres cotidianos. En ese punto, Fuocommare tiene un punto de vista traslúcido, el del niño Samuele, descripto desde la cotidianidad a través de su energía y vitalidad. Pero claro, la narración presenta el otro conflicto y allí es donde el trabajo de Rosi navega por aguas indecisas. Los rostros de los africanos y de otros migrantes tienen la protección ética de una mirada eurocéntrica, planificada como observadora de la situación y no cuestionadora de las decisiones de propios y extraños responsables del hecho en sí mismo. Como si Rosi evadiera culpas del contexto político y social al que (no) pretende descifrar, su mirada sobre el conflicto trastabilla hasta coquetear con una postura bienpensante sobre el asunto. Allí saltan las diferencias entre la maestría teñida de nihilismo del gran Roberto Rossellini a través de sus documentales o ficciones frente a las imágenes de Fuocommare, enhebradas por dos ítems temáticos a los que el director no logra sostener como relato único.

Por lo tanto, y más allá de su exagerado metraje, quedan aquellas escenas que por separado elevan el resultado final de este ejemplo genérico en su vertiente observacional. El testimonio de un médico dedicado a curar quemaduras, los “trámites burocráticos” a los que están obligados los refugiados y los planos de bolsas que encierran cuerpos que no llegaron al supuesto paraíso rural del sur de Italia valen mucho más que el carácter global de una historia que se esfuerza de manera inválida por unir una geografía placentera junto al horror que señala la crónica diaria. El resto, expresadas y subrayadas sus pretensiones humanitarias, es pura mirada eurocéntrica, transversal, autoculposa.

3ojookFUOCOAMMARE
Fuocoammare. Italia/Francia, 2016. Dirección y fotografía: Gianfranco Rosi. Guión: Gianfranco Rosi y Carla Cattani. Edición: Jacopo Quadri. Duración: 114 minutos.

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