Stephen King tuvo suerte dispar con las adaptaciones de su obra. Se podría decir que eso es lógico en alguien tan prolífico cuyo material vale oro para los productores. Pero una explicación acaso más esotérica es que la suerte se la gastó casi toda al principio. Porque el hecho es innegable: las primeras adaptaciones fueron hechas por directores fundamentales. La lista impresiona: Brian De Palma, Tobe Hooper, Stanley Kubrick, George Romero, David Cronemberg, John Carpenter. Arrancando ahí arriba era esperable que lo que siga vaya cuesta abajo. Y eso es lo que pasó. Está bien, después tuvimos Cementerio de Animales, El Aprendiz, Misery, o la última gran adaptación: La Niebla, dirigida por un tipo (Frank Darabont) que no era ajeno al universo King. Pero son excepciones en un panorama abundante y pobre a la vez. No pasó eso con su literatura, que siguió pareja en calidad y cantidad, logrando un balance de productividad, popularidad y consenso crítico, que no conoce rival.

El proyecto de llevar Cell al cine viene de largo y el primer seleccionado para llevarlo a cabo fue Eli Roth (Hostel), que se bajó por diferencias creativas. Arriesgo que tampoco nos perdimos mucho. El director que se hizo cargo, Tod Williams, como antecedente en el género apenas tiene para exhibir Actividad Paranormal 2. Con esa data no daba para esperar que la racha vaya a cambiar y efectivamente no lo hizo. Quizás no sea de las novelas más destacadas de su autor pero tiene algunas ideas interesantes y merecía un tratamiento mejor. Se trata de la incursión de King en el subgénero zombie y trae algunas cuestiones novedosas, que la película aprovecha. Sus zombies tienen características propias: evolucionan, andan en grupos (“como bandadas de pájaros” dice un personaje), se comunican telepáticamente, tienen un líder y una mentalidad colectiva (“mente colmena” dice otra). Y hay también una mirada pesimista sobre la tecnología ya que el pulso que convierte a las personas en zombies es causado por los teléfonos celulares.

Cell-2016-a-1El film se toma unas cuantas libertades respecto a la obra original. Eso no es necesariamente malo en todos los casos, pero en este las omisiones y los agregados no aportan más que confusión y atolondramiento. Se habló del cambio de raza del personaje que interpreta Samuel Jackson, lo cual no es raro en estos tiempos de integración. Lo curioso es que el mismo personaje además de blanco en la novela es judío y gay y eso tiene una relevancia que aquí apenas se menciona y olvida. Quizás porque no había tiempo de dedicarse a más de una minoría a la vez.

La película arranca con una escena vertiginosa y bien llevada en un aeropuerto, en el momento que la catástrofe se dispara, y continúa de manera convencional y transitada pero correcta y a buen ritmo. Hasta que después de una escena fundamental, a mitad del film la narración se deshilacha y pierde el rumbo, tan desorientada como sus personajes, que a partir de ahí pasan a deambular en una serie de escenas inconexas y diálogos divagantes. Lo más decepcionante es ver que el propio King participó del guión y que no está a la altura de su propia obra. Cuando Kubrick cambio en su versión el final de El Resplandor, que no estaba nada mal tampoco, King puso el grito en el cielo. Viendo lo que hizo con el final de esta adaptación, hubiera hecho mejor dejándolo como estaba.

La racha viene difícil. Quizás ahora la cuestión pase por la tele (la miniserie 22.11.63 por ejemplo, que tuvo una muy buena recepción), pero no con estas producciones fallidas. Quizás para la próxima. Igual novelas para adaptar no van a faltar.

2ojookmedio.jpgEL PULSO
Cell. Estados Unidos. 2016
Dirección: Tod Williams. Intérpretes: John Cusack, Samuel L. Jackson, Isabelle Fuhrman, Stacy Keach, Owen Teague, Clark Sarullo, Ethan Andrew Casto. Guión: Adam Alleca y Stephen King, sobre la novela de Stephen King). Fotografía: Michael Simmonds. Edición: Jacob Craycroft. Música: Marcelo Zarvos . Duración: 98 minutos.

Compartir

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here