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Hablar sobre una narración que abrigue buenas causas y que, por otro lado, estas se relacionen con sucesos reales, siempre es una tarea ardua. Este trabajo de reconstrucción del sentido que ejerce no solo el crítico sino cualquier espectador, impulsa a jugar a encastrar los discursos: aquellos dados a través del film pero también los que en su momento difundieron y siguen difundiendo los medios, los que aporta el sentido común enajenado -que encontramos en los comentarios de nuestros vecinos-, los que se escriben en las banderas de las ONG y que se retransmiten en las redes sociales así como los que se ejercen desde las instituciones gubernamentales a través de diversas acciones. Todo lo que se compromete en un caso de femicidio, así como todo lo que involucra un hecho en el que se intenta poner en escena algo del orden de lo real -como lo es el realizar un film sobre esta temática-, resulta no inagotable pero sin duda muy vasto; el intento de enumeración de las variables quedaría tal vez trunco, con algún ribete no del todo justo, acertado o apropiado.

Esto es así porque cuando pensamos estas problemáticas uno siempre toma partido pero también tiene que tomar partido por la manera en que uno desea que se tome partido. Parece un trabalenguas pero no lo es. En los términos precisos que convocan a este escrito habría que definirlo de la siguiente manera. Una cuestión es lo que cada cual cree respecto de la historia de Corina Fernández, considerado el primer caso de femicidio (2010) a tan solo un año de promulgada la ley 26.485 -de Protección Integral para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contras las Mujeres en los Ámbitos en que Desarrollen sus Relaciones Interpersonales- y otra cosa muy diferente es articular una narración cinematográfica como No me mates en la que, entiendo, se trata de difundir el caso de Corina como un caso penal que si bien sienta las bases para que se instale judicialmente la temática del femicidio, también exhibe algunas problemáticas de su implementación práctica.

No-me-matesDesde este punto de vista, No me mates es un film justo con su causa, acertado en la descripción de esta historia concreta, apropiado para abrir debates sobre la temática en cuestión pero limitado para hacer explotar la contradicción de estos procesos desde la representación misma. Esto es así porque el film incluye un único discurso de todos los posibles que conforman ese universo de la violencia de género. Y no es porque se centre en una única historia, la de Corina, puesto que el sentido de esta historia es pensar múltiples historias de otras mujeres que podrían estar en una situación similar a la de ella. No me mates encierra una sola perspectiva, la de la víctima que debe enfrentar dos desafíos; el primero el de la supervivencia frente a la bestia, el segundo será el de la persistencia frente a la burocracia. También (muy) indirectamente es el relato de gestación de diversas ONG, como la que dirige la propia Corina (Hay una salida) que se edifican en función de una relación de empatía con las víctimas que sufren la violencia de género, pero fundamentalmente de violencia doméstica, y que intentan ir más allá de la implementación y difusión de la ley, misión fundamental de entidades como el Consejo Nacional de las Mujeres. Sin embargo, este sentido apenas es trabajado, tal vez más bien hacia el final, cuando el drama personal e íntimo se difumina con la muerte del implicado.

Tal vez el mayor problema que encierra el trabajo de Gabriel Arbós sea la decisión de intercalar los testimonios reales de la Corina Fernández actual con la dramatización que se dispara al pasado de la mano de la Corina ficcional, que exhibe en carne propia el martirio de una relación que se torna cada vez más asfixiante y, finalmente, peligrosa y mortal. Incluso algunas decisiones como la de hacer convivir en el mismo plano ambos personajes/ personas, ambos tiempos no llevan a brindar un discurso más heterogéneo pero sí tal vez confronta la mirada de una Corina, que se sabe atrapada, y otra que ya posee la distancia necesaria para encontrar soluciones. No está de más decir, que esta toma de decisiones hace del film un objeto de difícil encasillamiento ya que el testimonio empuja al registro documental mientras que las dramatizaciones, encarnadas por Ana Celentano en el papel de Corina, estructuran su costado ficcional.

La presencia de la persona real que fue martirizada en estos hechos, su convivencia incluso en los planos netamente ficcionales en el que se confrontan ambas Corinas, refuerza también la idea de que la historia que presenciamos es 100 % correcta y empuja a un borramiento o encubrimiento de la ficcionalización que, a mi entender, puede resultar peligroso en tanto oblitera tal vez la distancia necesaria para reflexionar sobre el conjunto de problemas que lleva a una aberración como lo es la de la violencia hacia el género femenino tal y como viene siendo ejecutada hace siglos. Pero como se señaló al comienzo, la problemática es muy grande y la decisión de Arbós fue adscribirse, dentro de esta inmensidad, a un discurso específico que involucra esta historia particular que exhibe fundamentalmente la contradictoria relación entre la ley escrita y la vida, así como entre ciertas leyes y otras.

3ojookNO ME MATES
No me mates, Argentina, 2015
Dirección, producción, guión: Gabriel Arbós. Intérpretes: Ana Celentano, Alejo García Pintos, Juan Pablo Burgos, Corina Fernández. Müsica: Pablo Córdoba. Edición: Diego Aparicio. Fotografía y cámara: Hugo Colace. Duración: 64 minutos.

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