Extraño, sugestivo y riesgoso tercer film del cineasta uruguayo Federico Veiroj (la entrevista aquí), luego de recorrer la etapa adolescente y su final (Acné) y las vivencias de un cinéfilo de la vida en la maravillosa La vida útil con esas imágenes de Jorge Jelinek atreviéndose a unos pasos de baile.

Extraño porque, tomando las experiencias propias de Álvaro Ogalla (el intérprete principal), la trama describe una decisión terminal: Gonzalo Tamayo, personaje central, renuncia a la religión católica y desde allí emprende una travesía personal para lograr su objetivo.

Si ya de por sí resulta curiosa la propuesta, la película sugiere más de lo que ofrece de manera eficaz, eligiendo un tono meditabundo, de esquema laberíntico, invocando al humor español de los años 50 (el cine de Marco Ferreri, por ejemplo), sin necesidad de caer en el subrayado de la denuncia explícita. El tono elegido por Veiroj, por lo tanto, invita a desovillar una historia que no descansa en lugares comunes y en contundentes explicaciones.

apostataY allí aparecen los bienvenidos riesgos de El apóstata, sorteados en su mayor parte con una altísima calidad cinematográfica de acuerdo a la elección de la puesta en escena.

Los aspectos públicos y privados de Tamayo confluyen en la historia de manera elegante, presentando a un personaje que transmite sus vivencias en forma acumulativa, provocando más de una sorpresa en el espectador.

La relación que establece con el pequeño hijo de su vecina y con la vecina misma, su amor por su prima y el deseo a flor de pìel de ambos, las conversaciones con su madre quien critica a al vástago por la decisión tomada, los momentos en que el realismo le deja lugar a un par de escenas planificadas a través de raptos oníricos, que de algún modo representan las libertades que el personaje comenzaría a disfrutar debido a su divorcio con la fe católica. Justamente, en esas escenas, El apóstata juega a todo o nada debido a su propuesta original, encontrando un equilibrio perfecto entre la privacidad del personaje y la misión a la que se dirige con el fin de borrar toda huella de su educación religiosa. Pero no se está ante una

intriga kafkiana como aquella de La audiencia (otra vez Ferreri) ni tampoco frente a una declaración rabiosa en contra de la iglesia (al estilo Nanni Moretti). El apóstata expresa sus motivaciones temáticas y formales desde otro lugar, más inasible y menos concluyente, más permeable a la discusión a través de la ironía en lugar de levantar el dedito acusador que denuncia desde el exceso retórico.

Es allí en donde se convierte en una película original que, sin embargo, confluye en más de una ocasión con la historia de La vida útil: dos personajes que necesitan vivir una zona de cambios; uno, saliendo del refugio de una cinemateca, el otro, escapándose de la educación recibida desde el origen. Dos mundos que huyen del encierro, dos vidas particulares que se animan a mirar hacia adelante sin culpa ni vergüenza alguna.

4ojookEL APÓSTATA
El apóstata. España/Francia/Uruguay, 2015. Dirección: Federico Veiroj. Guión: Álvaro Ogalla, Gonzalo Delgado, Nicolás Saad y Federico Veiroj. Fotografía: Arauco Hernández Holz. Edición: Fernando Franco. Dirección de arte: Gonzalo Delgado. intérpretes: Álvaro Ogalla, Bárbara Lennie, Marta Larralde, Vicky Peña. Distribuidora: Cinetren. Duración: 80 minutos.

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