Los coletazos del J-Horror (que es como uno se refiere con onda al terror japonés) se dejan sentir hasta bastante tiempo después del auge de la movida, allá a principios del milenio, y del estreno de sus obras más emblemáticas. El canal del demonio es un ejemplo perfecto. Este film irlandés/británico de terror sobrenatural y psicológico está claramente influenciado por el horror nipón y en particular por la película que disparó el boom: The Ring (Ringu en el Original) de 2000.

Al punto la propuesta es similar que por momento linda con la adaptación, donde la influencia de un producto audiovisual maldito pasa del videocassette a un archivo cinematográfico de principios de siglo. La película llega a manos de David, archivista de una cinemateca, y muestra una filmación policial con un asesinato que para su estupor transcurrió en la casa donde vive con su esposa e hijo y este archivo se vuelve una obsesión para el protagonista. Después entran en juego visiones, muertes dudosas y la sensación de que algo hostil habita la casa. Lo que se pone ahí en cuestión es si los fenómenos que percibe son parte de la imaginación de David que se está volviendo loco o son entidades reales, aunque mientras lo estamos viendo ya sabemos la respuesta (porque, además, lo contrario fue una salida decepcionante dentro del género).

Así, durante un buen rato parece que vamos para otro lado, con la disyuntiva, que sin embargo no es necesariamente excluyente, de obsesión/posesión/lugar donde pasaron cosas terribles que dejan su eco. En fin, casi todos los ingredientes conocidos del subgénero Casa embrujada. Pero después, cuando las entidades sobrenaturales empiezan a salir de la pantalla (en este caso proyectada) volvemos de un tirón al universo The Ring y su influencia. De hecho, una escena fundamental y definitoria está prácticamente calcada de su inspiradora y hasta el espectro en cuestión se parece a la vieja Sadako (o su colega de Ju On – The Grudge), con sus pelos largos que le tapan la cara, sus ojos fijos bien abiertos, sus ropas sucias y su andar encorvado y quebradizo.

thecanal-1080p-3Lo curioso es que aun cuando uno se siente tentado de gritar que es un robo, o por lo menos que esto ya lo vio, la escena en sí es efectiva y produce un momento de genuino terror. Lo mismo sucede con algunas escenas similares y es cuando usa estos recursos prestados que el film gana en intensidad e impacto, como si la invocación de un fantasma se hubiera concretado con éxito y el espiritista se apoderase del el influjo de aquel referente de una manera espectral. Lo cual habla bien de la fuerza de aquellas imágenes y lo que todavía pueden provocar y también habla bien, hay que reconocerlo, de la capacidad de su realizador, Ivan Kavanagh, de apropiarse de otro producto y no perder su eficacia. De hecho el film ya no funciona igual de bien cuando se aleja del modelo y se mete en otros terrenos más estandarizados y previsibles.

El relato construido por Kavanagh apuesta a lo atmosférico, y a veces eso es logrado cuando intenta construir una sensación de inquietud y presencia ominosa y acechante, y a veces es forzado cuando quiere sacarse el asunto de encima y liquidar la cuestión de manera efectista con cortes abruptos, gritos, sobresaltos y sonidos chirriantes.

En cualquier caso, El canal del demonio está hablando de lo mismo en dos niveles, intencionalmente o no, tanto en su trama como en su juego de homenaje/copia, y es efectivamente del poder de las imágenes.

3ojookEL CANAL DEL DEMONIO
The Canal. Irlanda, Reino Unido. 2014
Dirección: Ivan Kavanagh. Intérpretes: Rupert Evans, Antonia Campbell-Hughes, Hannah Hoekstra, Steve Oram, Calum Heath, Kelly Byrne. Guión: Ivan Kavanagh. Fotografía: Piers McGrail . Edición: Robin Hill. Música: Ceiri Torjussen. Duración: 94 minutos.

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