En Amor (Amour), el austríaco Michael Haneke había resuelto con desesperación y fuerza la cuestión de la muerte asistida, eutanasia o casi podríamos definir como la muerte amorosa, donde se ayuda a alguien que definitivamente se sabe, padece de una enfermedad que lo llevará a una muerte segura, tras atravesar un largo e inútil calvario.

Sin alambicamientos, si recurrir al golpe bajo, Haneke consigue sin dudas lo que en Corazón Solitario no logra hacer Billie August, que no logra escapar del dramatismo obvio y edulcorado que en una situación tan extrema, como la que se vive en el film tiene de por sí y no necesita agregar absolutamente nada.

Las dos hijas de un matrimonio, ya mayor, son llamadas a la casa familiar por sus padres, para pasar el último fin de semana. La madre de la familia ha decidido suicidarse con un coctel de pastillas, para no padecer las etapas finales de la enfermedad degenerativa que padece.

Los invitados a la “despedida” además de las dos hijas son sus respectivas parejas, son el hijo de la hermana mayor y una vieja y querida amiga de la enferma.

Todo se presta para el desarrollo del drama, presentado en un exquisito envoltorio. La casa es una finca campestre plantada en un paisaje tan bucólico como fotogénico, en los que August se demorara con elegante lentitud, que por momentos nos harán dudar si es cine o fotografía. Fija. Todo está cuidado hasta el más mínimo detalle, desde el reloj, que con ánimo de bolero, no deja de marcar las horas y la presentación de los personajes.

corazonCada una llega en sus autos que casi las distinguen en sus concepciones filosóficas. La hija mayor casi una cincuentona, rígida, formal y bien pensante, con un marido muy acorde a ella, y un hijo quinceañero, devoto de su tablet, que no entiende muy bien de que va esa muerte, que casi es un asesinato. La hija menor soltera, aparentemente desestructurada, aunque en realidad inestable y confundida, con un novio de esos que ningún padre elegiría para su hija: sucio, desprolijo y fumón. La amiga de la madre fiel, sincera, tierna y a la vez demolida por la próxima muerte. El futuro viudo, un marido amante, estoico, a pesar de estar demolido por lo que vendrá, pero que se mantiene incólume sin que su dolor pueda traslucirse más allá de la lentitud de sus gestos y el tono apagado de su voz.

Sin duda el fin de semana transitara oscuro, lleno de profundas conversaciones donde no estarán ausentes reproches y viejas e incobrables deudas.

Si bien el tratamiento estético y actoral es inapelable, la historia esta recargada de todos los tópicos que no pueden faltar en semejante momento. Lo que nos dará sabor a camino recorrido, y más allá del preciosismo de la fotografía que por momentos se abre a paisajes tan anchos como la vida, la atmósfera del duelo, del dolor y la resignación no dan respiro a tanto encierro metafísico.

Un film construido a la perfección de una obra de arte, tiene todo lo que se necesita para poder catalogarlo así, claro está que si además de todo lo que un film debe tener, tuviera alma.

2ojookmedio.jpgCORAZÓN SILENCIOSO
Stille Hjerte. Dinamarca, 2016.
Dirección: Bille August. Guión: Christian Torpe. Fotografía: Dirk Bruel. Edición: Janus Billeskov Jansen, Anne Osterud. Intérpretes: Ghita Nørby, Morten Grunwald, Paprika Steen, Danica Curcic, Jens Albinus, Pilou Asbæk, Vigga Bro. Duración: 98 minutos.

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