Andrei Konchalovsky supo hacer películas valiosas, otras no tanto. Esta vez narra la historia del Holocausto en la Francia ocupada por los nazis desde una perspectiva semi documental. Filmada en estricto blanco y negro, con algunas imágenes de archivo, con entrevistas de frente a sus protagonistas, la película es dura de ver; como todas las películas buenas que refieren al tema.

Desde el comienzo, en la secuencia de créditos el orden sonoro se hace presente con fuerza; ruidos de cadenas, gritos, puertas que se cierran; marca todo el clima de Paraíso. “construir un paraíso alemán en la tierra” dice uno de los comandantes mientras recuenta la cantidad de gente asesinada, un paraíso de blancos, no judíos, no sucios, no contaminados. Es interesante la idea del hormiguero que aparece con sutileza en la película, esas hormigas se esconden en sus agujeros para sobrevivir como esos perseguidos intentan esconderse sólo para no ser asesinados.

La iconografía de la película no deja de ser convencional, rejas, cadáveres amuchados, prisioneros que se roban entre ellos, jefes nazis que roban a los prisioneros, los jabones que aparecen de mano en mano. El tema de la doble moral aparece rondando las cabezas de los tres protagonistas: una rusa aristocrática, un policía francés que colabora con los nazis y un joven, de ascendencia noble, quien es encargado de supervisar uno de los campos de concentración.

Tal vez aproximarse de nuevo al Holocausto rondando los mismos tópicos no ofrezca demasiadas ideas novedosas al espectador, pero la película interesa en el enfrentamiento de esos hombres y de esas mujeres en tensión con el mundo y con las ideas circundantes.

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