Más allá de toda consideración critica, teórica o periodística conmueve el aplauso cerrado y emotivo del público al finalizar la proyección de la película brasilera de Sonia Braga. Indudablemente la película es de ella, es “ella”, es su columna vertebral a la que la cámara nunca abandona, en ningún momento.

Clara es Sonia Braga o Sonia Braga es Clara, personaje y actriz fundidas que representan a una mujer obstinada, solitaria, doliente y sobre todo con fuertes convicciones. Aquarius es ese edificio, es ella misma, es la estructura que la sostiene, que la calma, que la contiene. Es su vida, su memoria, su pasado, sus canciones, su cotidianeidad. Su departamento es el último bastión de un edificio (Aquarius) de clase alta situado en Recifes, la parte acomodada, como ella explica a la novia de su sobrino. Sólo una delgada línea imaginaria la separa de la pobreza, del territorio más marginal de la ciudad. Y también la película habla de eso, de las tensiones de clase entre Clara y su universo y los demás, aquellos que aparecen representados, por ejemplo, en la figura de su empleada. La confrontación entre ella y aquellos constructores que derribarán el edificio es feroz, una contienda en la que Clara saldrá, tal vez, ganadora. El choque es también entre dos modos de vivir, entre ese estadío de comunidad (al que Klever Mendoca ya se había referido en su película Sonidos vecinos) y la vida más moderna, más vidriosa, más abstemia, más aséptica.

El tiempo, gran motivo de la película también, pasa. Al comienzo estamos en la década de los 80 y Clara que ha superado un cáncer, festeja el cumpleaños de su tía, entre otras cosas más intimas, más conmovedoras. Aquarius sigue con una Clara de más de 60 años, ya jubilada de periodista especializada en música, con sus hijos, con sus nietos, con sus discos. La música es monumental acompaña y marca la respiración de una película que está viva, que se mueve, tanto como su protagonista que entra y sale de su territorio todo el tiempo. La puerta se cierra y se abre y deja pasar apenas una bocanada de aire fresco, que podrá llevarse algunos papeles pero no las convicciones de una mujer que ha sufrido tanto como amado.

La guerra que establece Aquarius no es sólo personal, no es sólo de género, también es una batalla social y cultural en el que se tensionan los modos de vida, los intereses personales y sociales, la seguridad, la economía. La película le toma el pulso a un país, a una región sin olvidarse de la humanidad. Aquarius es una película magistralmente actuada, conmovedoramente narrada, bella, política y sensible.

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