Free fire del realizador inglés Ben Wheatley se desarrolla en un oscuro y húmedo galpón abandonado. Dos bandas se enfrentan, van a comprar armas; un grupo pertenece al Ejército Republicano Irlandés (IRA) y los otros son traficantes. Una mujer intermedia entre los grupos y la película se desarrolla al son de tiros, balas, sonidos, cataratas de agua, humo en una batalla campal entre los grupos. Desmesurada y fuera de control, como sus protagonistas, Free fire es una película estruendosa y correcta que no deja indemne al espectador, que no le da respiro. Los toques de comedia en los filosos diálogos, la puesta en escena hacen de la nueva película de Wheatley una obra implacable tanto en su cuestión formal como en su historia.

Indudablemente llama la atención el manejo del espacio, filmada íntegramente es un lugar hipercerrado, vacío, húmedo y oscuro, la película se mueve (y cómo) con dinamismo adrenalitico.

La violencia pero también cierta complicidad y hasta cariño entre sus personajes hacen que Free fire sea también un retrato de época. Y también pueda ser leída desde el género y desde el lugar que ocupa la mujer en esa estructura cerrada. Indudablemente la película es un homenaje a las viejas películas de mafiosos, a esas que veíamos en la infancia, ruidosas y queribles.

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