Un grupo de adolescentes de distinto origen y condición social salen de sus casas y empiezan a encontrase en los trenes, subtes y calles de Paris. Parecen obedecer a un complejo plan, que incluye tomar fotos, descartas celulares después de hablar y tomar bolsas de autos previamente estacionados en lugares estratégicos. Está claro que van a provocar un ataque masivo a los centros neurálgicos de la ciudad y esa minuciosa y cronometrada preparación lleva muchos minustos del arranque, casi sin diálogos, puro movimiento y una maestría incuetionable para contar todo y que la tensión vaya subiendo.

Después las explosiones y el grupo que se refugia en un shopping a la espera que las cosas se calmen.

El nuevo film de Bertrand Bonello (Le Pornographe, Tiresia, L’Apollonide (Souvenirs de la maison close), tiene una pavorosa actualidad teniendo en cuenta que Paris es uno de los objetivos del terrorismo islámico, aunque esa serie de atentados en la ficción no obedece a ningún grupo radicalizado sino que son apenas unos jóvenes descontentos con el estado de las cosas. El film no se ocupa de aclarar cuál es el objetivo del grupo y desde esa falta de hipótesis se asienta el relato, recostado en la percepción de que puede ser posible una catástrofe de esta características en cualquier ciudad importante del mundo.

La resolución de los chicos se contrapone a la falta de conciencia del daño que provocaron y las consecuencias, en ese sentido el refugio elegido por el variopinto grupo es un lugar ideal para mostrar cómo están atravesados por el supuesto objeto de rabia, con objetos de marcas inalcanzables que cada uno de los jóvenes no duda en utilizar -ropa, equipos de audio, comida-, sin culpa y obviando las contradicciones. Estremecedora mirada sobre la sociedad de este tiempo, el film de Bonello puede ser leído como una predicción o como un repaso de lo que está pasando ya.

Compartir

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here