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Kékszakállú (Barba Azul en húngaro) el nuevo film de ficción de Gastón Solnicki (aquí la entrevista), luego de Sûden y Papirosen, es una apuesta a un cine no convencional e intertextual, que mantiene, como en sus trabajos anteriores, un cuidadoso trabajo compositivo.

Basado en la ópera El castillo de Barba Azul compuesta por el húngaro Béla Bartók, y tomada del clásico cuento de Charles Perrault “Barba Azul”, la película comparte la esencia impresionista de Bartók para hacer un muestrario actual de los hábitos que impone el capitalismo en los jóvenes de clase media alta. De esa manera, el film propone un collage de imágenes que dan cuenta progresivamente de la relación tiempo libre-moda-abulia durante un período veraniego en Punta del Este.

Tardes de pileta, surf en el mar, dormir al sol, disfrutar de un amor de verano, las diferencias con los padres, el crecimiento y la falta de identidad, las amigas, el trabajo que estandariza y aliena, la Facultad como la imposición a ser lo que se espera, son algunos de los tópicos sobre los cuales trabajará el realizador argentino.

Lejos de la narración clásica, la película se construye con planos fijos y a cierta distancia bajo un gran trabajo visual a cargo de Fernando Lockett y Diego Poleri. No hay movimientos de cámara, solo fluye el tiempo en espacios casi estancos. Los encuadres compuestos con estilización denotan la relación entre el sujeto como parte y extensión de la arquitectura urbana en la que se mueve y se inserta como un engranaje más. Esos sujetos (mujeres jóvenes, principalmente) lidian con una alienación que las incomunica y las describe casi como fluyendo tras algo incierto o reiterado.

“Hace cuatro años pasé un verano bajo el encanto de la única ópera de Bartók, y fue a través de una trasfiguración folclórica similar que comencé a desarrollar la fantasía de hacer una película inspirada en su atmósfera musical y política, comenta su realizador. Bartók viajaba con su fonógrafo por el Este de Europa, pocos años antes del estallido de la primera guerra mundial, recolectando la tradición oral de la música campesina y luego escribiendo sus obras a partir de esos materiales. En ese sentido Kékszakállu es un homenaje a Bartók y a sus viajes. Filmamos la primera parte de la película con un grupo muy íntimo de amigos y colegas sin un guion, sin personajes”.

La película tuvo su premiere Mundial en Venecia-Orizzonti 2016, donde recibió el  premio Fipresci de la crítica internacional y el BIstato D’oro de la crítica joven, ha tenido un gran recorrido a través de los festivales por Toronto, New York Film Festival, Viena, entre muchos otros.

Sin desarrollar ninguna historia (como está acostumbrado el espectador medio) y libre desde lo formal, el relato logra una atmósfera por momentos opresiva desde la cual, intenta rebelarse. Esa inquietud de escapar a lo “esperable”, se deposita en una de las protagonistas, una joven conflictuada que busca un sentido a su vida, al igual que Judith (la protagonista de la ópera) la depositaria de siete llaves otorgadas por Barba Azul para abrir sus puertas interiores.

En relación a sus lazos intertextuales, del cuento de Perrault se desprende cierta moraleja en relación a la ambición y la seducción del poder de parte de sociedad. Los jóvenes aburguesados de Solinick responden a patrones sociales esperables, sobre los cuales es difícil escapar. Sin embargo, hacia el final, hay un cambio de registro donde el realizador parece jugarse por un rumbo.

La música de Bartók refuerza las imágenes de fondo en éste juego de espejos que resulta sobrio e interesante.

KÉKSZAKÁLLÚ
Kékszakállú. Argentina, 2016.
Dirección: Gastón Solnicki.
Intérpretes: Laila Maltz, Katia Szechtman, Lara Tarlowski, Natali Maltz, Maria Soldi, Pedro Trocca y Denise Groesman. Montaje: Alan Segal. Francisco D’Eufemia. Fotografía: Diego Poleri. Fernando Lockett. Sonido: Jason Candler. Música: Béla Bartók. Duración 72 minutos.

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