Si mezclamos las películas de exorcismos convencionales con El origen (2010) tal vez tengamos una de terror con un toque original, que no es poco decir, sin llegar a caer en el ridículo de “¿qué pasaría si un prócer cortara cabezas de monstruos?” (como en Abraham Lincoln: Cazador de Vampiros) o “¿qué pasaría si a la obra cumbre de Jane Austen le agregamos muertos vivientes? (como Orgullo y prejuicio y zombies).

El doctor Seth Ember (Aaron Eckhart) tiene la habilidad innata de poder introducirse en el subconsciente de las personas poseídas para desahuciar a los demonios desde adentro. El Vaticano lo convoca para exorcizar a un niño (Emjay Anthony) y él acepta, al darse cuenta de que se enfrentaría a la misma entidad que mató a su familia y lo confinó a una silla de ruedas. Sólo él puede destruirlo, pero cualquier paso en falso puede acabar con la vida del chico o la suya.

Algo así como que si alguien tiene un parásito en el cuerpo llama a un médico, pero si la zona afectada es el alma –o en el subconsciente, lo que prefieran creer- capaz que sería mejor llamar al buen doctor Seth, que arrastra un pasado pero se arriesga a tratamientos poco ortodoxos.

Las películas de exorcismos tienden a plantear patrones claros, donde el cura llega a socorrer al afectado, lucha con agua bendita y crucifijo y, por lo general, muere de una forma horrible. Ya de entrada La reencarnación marca la cancha: el planteo está más cerca de la ciencia ficción. Si bien el concepto de entrar al limbo para liberar al poseído -aún poniéndose en riesgo- ya está experimentado (recordar La noche del demonio)-, ahora ese limbo es el propio subconsciente: el lugar donde se alojan los deseos y anhelos más profundos, de los que un demonio se podría aprovechar.

El problema surge cuando, incluso desde un planteo más novedoso, la lista de clichés eternizados en las cintas de terror se cumple punto por punto. El mejor ejemplo son los jumpscares completamente innecesarios con sonidos estridentes que sólo escucha el espectador pero no los participantes de la escena. Con el nuevo enfoque explora todos los lugares comunes e incluso hay contradicciones y situaciones inexplicables que desconectan a la audiencia de la trama.

Si bien no se destaca la dirección de Brad Peyton (Terremoto: la falla de San Andrés), hay cuestiones que pueden perdonarse, como la baja calidad de los FX, si se tiene en cuenta el bajo presupuesto con el que contó la producción. Por último, Eckhart no hizo su papel más notable, pero mantuvo a flote el film que prácticamente se centró en él y relegó al resto de los personajes al segundo plano.

LA REENCARNACIÓN
Incarnate. Estados Unidos, 2016.
Dirección: Brad Peyton. Guión: Ronnie Christensen. Intérpretes: Aaron Eckhart, Carice van Houten, Catalina Sandino Moreno, Karolina Wydra, John Pirruccello, Emily Jackson, Emjay Anthony, Breanne Hill. Fotografía: Dana Gonzales. Duración: 86 minutos.

Compartir

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here