En 1952 un maestro de deportes viaja de Lenigrado a un pueblo que nadie puede pronunciar bien el nombre huyendo del stalinismo. Con algunas pretensiones a cuesta (lógicas de su origen citadino) necesita esconderse tras la fachada de una “vida normal” para evitar llamar la atención de sus captores. Con desgano y pena, Endel (Lembit Ulfsak) descubre que la escuela del pueblo no sólo no tiene los materiales necesarios para el dictado de las clases, sino que los alumnos parecen no tener muchas luces. El futuro es desesperanzador hasta que la escasez desempolva una vieja actividad: el esgrima.

Este deporte ancestral será el motor que impulse la motivación del film. El maestro se sentirá útil y los alumnos comenzarán a despertarse de un extenso letargo de aburrimiento y apatía. Ahora cada uno tiene un propósito, pero el problema se presenta cuando los alumnos quieren presentarse a un concurso nacional de esgrima alentados por una convocatoria en el periódico. El evento es en Lenigrado, ciudad que el maestro no debería pisar si es que no quiere ser capturado y enviado a un campo de campo de trabajo.

El esgrimista no sólo es predecible sino aburrida y aletargada. Aún, cuando intenta copiar ciertos gestos del cine de acción norteamericano más popular, falla en encontrar su propio ritmo y verosímil dentro de su estructura. Además, sus personajes presentan los más estancos estereotipos haciendo de sus performances líneas rectas de previsibilidad. Es decir, nada fuera de lo esperado sucederá; y es así como el film tampoco logra crear ni el más mínimo pico de tensión dramática, a pesar de involucrar un desenlace que depende de una contienda deportiva con lo que eso conlleva: agilidad visual y expectativa por los resultados. Nada de eso sucede allí, ni en ninguna otra parte del film.

El montaje es plano como la trama y a pesar que la dirección de fotografía intenta levantar la totalidad del film con una búsqueda compositiva de planos que destacan los bellos rostros de los niños en primer plano o contraluces con el sol poniente, el concepto general de lo que se quiere transmitir no logra sobreponerse y darle más valor a la obra final. Una lástima porque el cine de Estonia siempre suele dar pequeños diamantes en bruto dignos de contemplación y análisis.

EL ESGRIMISTA
Miekkailija. Finlandia/Estonia/Alemania, 2015.
Dirección: Klaus Härö. Guión: Anna Heinämaa. Intérpretes: Märt Avandi, Ursula Ratasepp, Hendrik Toompere, Liisa Koppel, Joonas Koff, Lembit Ulfsak, Piret Kalda, Egert Kadastu, Ann-Lisett Rebane, Elbe Reiter. Producción: Kaarle Aho y Kai Nordberg. Distribuidora: Mirada Distribution. Duración: 99 minutos.

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