No es la primera vez que el trabajo del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) es retratado en un documental. Ya había sido el tema de Tierra de Avellaneda (1996) de Daniele Incalcaterra. Pero pasaron veinte años y la dimensión del tiempo no es aquí menor. Desde entonces pasaron gobiernos, pasaron políticas de Derechos Humanos, hubo avances y retrocesos, leyes derogadas y sentencias de la corte, genocidas presos y liberados, nietos encontrados, cuerpos recuperados y otros que siguen sin aparecer.

El EAAF siguió trabajando. De hecho su labor se remonta no a veinte sino a treinta y tres años investigando, recuperando, identificando los restos de las víctimas del terrorismo de estado y permitiendo que los familiares se rencuentren con los cuerpos y puedan empezar a cicatrizar heridas. Uno de los momentos más emotivos de La memoria de los huesos, el documental que nos ocupa, es cuando un hijo cuenta que él y su familia recién pudieron comenzar a hacer el duelo por su padre cuando recibieron sus huesos, aun cuando este ya llevaba décadas desaparecido.

Si bien el eje es el trabajo de la EAAF, el documental aborda el tema desde varias aristas ya que este trabajo es mostrado desde el ámbito institucional, desde de difusión académica y desde la práctica en su especificidad y su vertiente terrenal en todo el sentido de la palabra. Pero el otro trabajo que se ve es el de los familiares. El trabajo de duelo que, como señalábamos, a veces viene en suspenso postergándose durante años y se desencadena ante la presencia física de esos huesos que son también testimonio de lo sucedido. Otro momento fuerte es el encuentro de un hijo con los restos de su padre en una toma fija y silenciosa que pone de manifiesto la importancia de la dimensión del cuerpo. El realizador facundo Beraudi declaró que quería “contar historias desde el estómago, no desde la cabeza” Por eso el film no se detiene en lo técnico, que era su intensión previa, sino que apuesta a lo humano y lo emotivo sin por eso ceder a la tentación del golpe bajo. Por el contrario sabe cuándo acercarse y cuándo tomar distancia.

Y hay todavía una línea más, que es la participación del EAAF en otros países, en particular en la recuperación de los restos de campesinos asesinados por el Ejército y enterrados anónimamente en la Guerra Civil de El Salvador. El proceso que allí se muestra da cuenta de las particularidades de cada caso, de cada región, de cada conflicto, de cada tragedia personal, pero también de lo que tiene de universal.

Beraudi confía en la fuerza de las imágenes y los testimonios. Por eso en el film no hay relato en off y hay pocas “cabezas parlantes”. Más bien se trata de acompañar a sus personajes en sus tareas cotidianas, sus rutinas y sus momentos álgidos, con una cámara inquieta que sigue, se detiene, observa, interroga y prefiere tomar los testimonios desde el campo.

A lo largo del film sobrevuela una sensación de esperanza y sanación en la medida que el trabajo de los antropólogos va brindando sus resultados, más cuerpos siguen apareciendo y más familiares se reencuentran con los restos de sus seres queridos. Pero también otras historias, como la de la madre que sigue buscando a sus hija desaparecida y a su nieta nacida en cautiverio, testimonian que, mientras no aparezcan todos los cuerpos, la desaparición es un crimen que se sigue cometiendo y que hay una herida que sigue abierta.

LA MEMORIA DE LOS HUESOS
La memoria de los huesos. Argentina. 2016
Dirección: Facundo Beraudi. Guión: Facundo Beraudi. Fotografía: Facundo Beraudi, Diego Delpino. Música: Diego Bravo. Edición: Verónica Rossi. Duración: 78 minutos.

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