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Fue una crónica de una muerte anunciada” refiere un testimonio del documental de De Leone en relación a los días contados que tenía Rodolfo Ortega Peña antes de ser asesinado por la Triple A. Y por más que se trate de una frase fagocitada y utilizada hasta el hartazgo, esas palabras encajan perfectamente en la figura del personaje, un tipo que iba de frente, abriendo frentes de batallas dialécticos en varios lugares a la vez, compenetrado en su labor de abogado, comprometido con su época y con aquella coyuntura primaveral y violenta de fines de los sesenta y parte de la década siguiente hasta su muerte.

La muerte no duele estimula el recuerdo a través de un material histórico valioso y poco conocido junto a testimonios que construyen un rompecabezas llamado Ortega Peña desde sus opiniones, palabras a periodistas y labor como diputado. En ese punto, los materiales refieren a sus orígenes, su crianza en un entorno familiar antiperonista, su particular apodo (“Belinda” en alusión a la chica muda que encarna Jane Wyman en el film homónimo), su amistad pública y personal con Eduardo Luis Duhalde, su trabajo como abogado de Vandor, cuestión que le trajo más de un dolor de cabeza.

La mezcla de testimonios (los justos y necesarios, sin excesos numéricos) y la construcción de un relato con un final conocido y previsible, pero que en su desarrollo adquiere un importante crescendo dramático, ejemplifican las pretensiones del trabajo del realizador de Leone.

Pretensiones que llegan a su punto máximo en los quince, veinte minutos últimos del documental. Allí se prevé el fin de una historia de vida y el comienzo de una historia de terror.

El terror de la Triple A, la figura de Perón (siempre discutible en este punto), el horror en la esquina, los ajustes de cuentas, los grupos de tareas en los autos Falcon y la revista El caudillo como emblema. Pero esa es la otra historia que Rodolfo Ortega Peña jamás podrá conocer debido al accionar de aquel terrorismo de estado.

LA MUERTE NO DUELE
La muerte no duele. Argentina, 2016. Dirección y guión: Tomás De Leone. Producción: Maia Menta y Diana Orduna. Fotografía y cámara: Ignacio Suárez Rubio y Eric Elizondo. Montaje: Tomás de Leone. Música. Ignacio Suárez Rubio. Voz en off: Agostina Bramanti. Duración: 83 minutos

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