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Entre las tantas tendencias que existen en el cine de terror en lo que va del milenio hay una que pretende aggiornar el género a los tiempos que corren incorporando elementos contemporáneos. Opuesta a otra tendencia que es la de un terror retro que incorpora elementos del terror de los 70 y 80 -y que sin embargo ha dado mejores resultados como Te sigue (2014) o No respires (2016)- este otro cine dirigido a los millennials, con protagonistas que responden al mismo target, suele acudir para su propósito a la tecnología, que es la manera más superficial de hacerlo. A esta altura todo esta rotulado y ya hay una etiqueta para el caso: Cyber Horror. Así, celulares, computadoras o redes sociales se convierten en los vehículos por los que el terror se manifieste. Si esto que formulamos no suena muy aterrador, su plasmación en la pantalla tampoco suele serlo. Por supuesto todo es cuestión de abordaje y así y todo hay que decir que hay buenos exponentes por lo general en los realizadores japoneses que parecen entender mejor la propuesta. Como Hideo Nakata que en Ringu (1998) vio el terror posible en el intercambio de VHS o Kiyoshi Kurosawa que en Kairo (2001) mostró una tenebrosa invasión de espíritus a través de internet.

Aplicación siniestra pertenece a la vertiente más obvia, que se conforma con el uso de los smartphones y las aplicaciones, aquí mezcladas con un planteo sobrenatural. Aquí cinco adolescentes descargan una aplicación en su celular que es usada por un demonio como portal para entrar en este plano. Suena bastante pavote y de hecho lo es, también por su adscripción a ese teen horror que nos azota cada tanto, con sus protagonistas modelos de madera que de todos modos, hay que reconocerlo, en este caso nos son tan descerebrados como la norma en este tipo de films.

Hay sin embargo, y a pesar de esa vocación declarada de modernidad, un innegable espíritu ochentero. No solo por el ambiente adolescente sino también por la presencia por uno de esos monstruos/villanos cancheros como Chucky, Pennywise o Freddy Krueger. El demonio antagonista luce y se comporta como un Freddy de segunda selección que acosa a sus víctimas con comentarios presuntamente sardónicos, se ríe todo el tiempo de sus chistes sin gracia y pergeña maneras presuntamente creativas de matarlos. Las escenas de horror onírico y las muertes, más rebuscadas que efectivas, demuestran una pretensión a tono con la idea de “morirse de miedo” que resulta un poco excesiva para un film que no puede producir esa sensación aunque sea en una dosis discreta. Ni con esos monstruos-fantasmas que aparecen cada tanto y que parecen salidos de un carnaval o de alguna Noche de Brujas precaria, ni con el uso perezoso de la música “ominosa”, ni el abuso de sobresaltos o Jump Scares que de tan repetidos no mueven un pelo.

En una escena del film, cerca del final, en medio de un escenario típicamente cliché (un almacén o bodega abandonada), un personaje dice “parece la locación de una mala película de terror”. Al menos se les puede reconocer cierta autoconciencia…

APLICACIÓN SINIESTRA
Bedeviled. Estados Unidos. 2016.
Dirección: Abel Vang y Burlee Vang. Intérpretes: Saxon Sharbino, Brandon Soo Hoo, Robyn Cohen, Bonnie Morgan, Alexis G. Zall, Victory Van Tuyl, Kate Orsini. Guión: Abel Vang y Burlee Vang. Música: David C. Williams. Edición: Cole Duran. Duración: 98 minutos.

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