Se dice y se repite que “ojala vivas tiempos interesantes” es una antigua maldición china sin conocer su origen ni entender demasiado su significado. Y es que a simple vista no parece algo tan terrible para calificar como maldición. Pero si se piensa que “interesante” no es sinónimo de felicidad y diversión, sino muchas veces todo lo contrario la cosa se aclara un poco. Basta apelar la biografía atormentada de cualquier algún artista maldito para recordar que el arte a veces se alimenta del dolor y el sufrimiento.

Marcos se gana la vida como escritor de libros para niños, trabajo del cual se encuentra cansado y en busca de nuevos horizontes. Creyendo que tiene algo que decir y con la idea de escribir su gran novela, larga todo y se tira a la pileta solo para estrellarse estrepitosamente contra el fondo. Cuatro años después, de la novela no hay ni una página. Marcos termina aislado de todo y manteniéndose como cultivador y dealer de una planta psicoactiva que responde alternativamente a los nombres de “Etrycina”, “Birimbau” o “Pimpollo”. Quizás tenga algo para decir pero es evidente que no sabe qué ni cómo decirlo. Así es como se enfrenta a la situación más temida para un escritor: el bloqueo. Un amigo que trabaja en un minimercado chino le recomienda simplemente que viva y escriba de lo que vive tal cómo hacían escritores como Henry Miller o Jack Kerouck. La dueña del local le lanza la temida maldición (o eso suponemos porque lo haría en mandarín antiguo) y a partir de ese momento la vida de Marcos vive una serie de eventos, en su mayor parte desafortunados pero curiosos o por lo menos material potencialmente literario. El tema es qué va a hacer él con eso.

La estructura del relato es la que Marcos pretende darle a su novela y sus secuencias son las de los pretendidos capítulos. Estructura que va siendo explicada su propia voz en off usando esta tanto para guiar la trama como para dar cuenta de las ideas y reflexiones de su protagonista.

Nos encontramos aquí con el viejo tema de la dicotomía entre arte y vida o de la vida como arte. Afortunadamente el realizador y guionista Santiago Van Dam no se toma el asunto muy en serio. “Ojala vivas…” arranca con un planteo que es típico de cierto cine argentino ya no tan nuevo que nos presenta al joven abúlico, desorientado y con cierta dosis de misantropía. En ese contexto el bloqueo de escritor es casi un lugar común.

Sin embargo la historia luego se dispara hacia otro lado, pega unos cuantos volantazos y termina una trama criminal bastante disparatada optando por un tono no naturalista que es raro y novedoso en estas historias.

Es cierto que el protagonista es bastante antipático y los personajes son bastante caricaturescos (el hippie roñoso y eternamente colgado es el ejemplo más claro) lo cual regresa al film a un tono más convencional cercano al grotesco. Sin embargo el film por momentos sorprende. Echa mano a recurso como animaciones y escenas oníricas o alucinatorias y abre diferentes líneas de relato. Por eso, aún si no todo lo que propone está logrado, lo más destacado y lo más interesante que tiene es su vocación de riesgo.

OJALA VIVAS TIEMPOS INTERESANTES
Ojalá vivas tiempos interesantes. Argentina. 2017.
Dirección: Santiago Van Dam. Intérpretes: Ezequiel Tronconi, Julián Calviño, Giselle Motta, Emilia Attias, Julián Kartún. Guión: Santiago Van Dam. Fotografía: Enrique Silva. Música: Daniel Soruco. Edición: Lourdes Miere. Duración: 110 minutos.

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