No es habitual que se estrene una película israelí aunque ocasionalmente se presenten semanas de exhibición de la cinematografía y algunos títulos en carácter de coproducción. No es habitual pero tampoco debería sorprender: el cine israelí, allá lejos (o lejísimo) y hace mucho tiempo solo tuvo acceso a las salas comerciales a través de los títulos de Moshé Mizrahi, por ejemplo, con Madame Rose protagonizado por Simone Signoret.

Pasadas las décadas, encontrarse con una película como Una semana y un día implica descubrir a un sector de aquella sociedad pero a través de un discurso universal, jamás circunscripto a un paisaje unidimensional.

El cineasta debutante Asaph Polonsky construye una trama desde el dolor de un matrimonio (Eyal y Vicky Spivak) viviendo el último día de los siete que componen el shiva (semana de duelo) por la muerte de su hijo. De ahí el título del film y sus consiguientes veinticuatro horas.

En ese corto período algunos estadios se modifican permitiendo una dosis de esperanza a la congoja de la pareja, circunspecto él, silenciosa ella.

Los acontecimientos, sin embargo, son mínimos, cuestión que al director Polonsky le sirve para escarbar en dos intimidades (aunque el personaje principal es Eyal), explorando en los mínimos detalles, erigiendo un curioso discurso donde se fusionan el drama con la comedia, sin cargar las tintas, inclinándose por un tono medio y asordinado en donde la película encuentra sus mejores momentos.

Pero más tarde, algunas desviaciones obvias y populistas del relato –Eyal probando marihuana, la torpeza que exhibe un joven vecino amigo del vástago fallecido- sumergen a Una semana y un día en una medianía (casi) sin retorno en comparación con su media hora inicial.

Extraña, en ese sentido, que el director no continuara escarbando las inestabilidades emocionales y los momentos de dolor de dos personajes que perdieron a su hijo. Como si la trama no confiara en los silencios del principio y en el plano detalle como fundamento estético, el tono de comedia ligera no encaja en ese mundo gris y pos trágico que circunda a los padres protagonistas.

Éxito fenomenal de público y ganadora de numerosos premios locales y foráneos, tal vez en este punto se explican buena parte de las virtudes y defectos de este film de origen israelí con destino de mercado internacional.

UNA SEMANA Y UN DÍA
Shavua ve Yom. Israel, 2016. Dirección y guión: Asaph Polonsky. Fotografía: Moshe Mishali. Edición: Tali Helter-Shenkar. Música: Ran Bagno. Con: Sharon Alexander, Shai Avivi y Evgenia Dodina. Duración: 98 minutos.

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