La larga y (muy) despareja filmografía de Andrei Konchalovksy (también conocido como Andrei Mijalkov Konchalovsky, es decir, el hermano de aquel director ruso de La esclava del amor y Ojos negros) no avizoraba una rotunda novedad, una genialidad concebida por alguien al borde de cumplir 80 años.

En efecto, desde Siberiada (1979), un título importante, pasando por Los amantes de María, Escape en tren y Tiempo de amar, hasta llegar a Tango y Cash (¡!) y luego mezclar todo aquello con algo serio y fallido como fue El círculo del poder (1991), la obra del cineasta exhibe puntos fuertes, débiles, mamarrachos estéticos, películas de encargo, films olvidables, otros discretos. De todo.

Paraíso se ubica en una pudorosa zona media que oscila entre otra vuelta más al tema del Holocausto y el oportunismo en conectarse a la polémica causada en su momento por El hijo de Saúl (2015, Laszlo Nemes).

Konchalovsky, quien ya había explorado el tema en otros films, ahora construye una trama que conecta a tres personajes: una aristócrata rusa aliada a la resistencia francesa, un policía del mismo origen que colabora con el nazismo y un integrante de las SS encargado de la supervisión de un campo de concentración.

Con este trío protagonista, la película expresada, por momentos, en un radiante blanco y negro (al estilo La lista de Schindler), combina ironía y solemnidad cuando describe al colaboracionismo, la ocupación nazi, los dilemas morales de los personajes, las acciones que están obligados a hacer y aquellas que sí realizan por su proceder ético.

Como si se tratara de un tardío ejemplo de documental ficcionalizado, el director muestra en varias ocasiones cómo el trío protagónico se expresa frente a cámara, tal como si estuviera en un confesionario o ante un interlocutor mudo (nosotros mismos) dispuestos a escuchar los relatos.

En ese punto, la película ofrece un grado de representación bastante banal y presuntuoso en sí mismo, ya que en algunas oportunidades la imagen y el sonido “se ensucian” a propósito con la idea de estar observando un interrogatorio o confesión a cámara filmado durante el tiempo verdadero del conflicto.

Esa apuesta por el artificio convierten a Paraíso en un extraño artefacto, desparejo y a contrapelo de muchas banalizaciones que se hicieron sobre el tema, pero también, excesivamente planificado y calculado para la corrección política de un cine universal que no exige riesgos ni novedades sobre un tema fagocitado al extremo. En ese punto, la tensión temática que propone El hijo de Saúl se impone al riesgo (auto)controlado del film de Konchalovsky.

En oposición a esa puesta en escena crudamente artificial se destacan los trabajos actorales, en especial, el de Yuliya Vysotskaya, el personaje más sugerente y ambiguo de los tres, encarnado por una hermosa mujer, también esposa del veterano cineasta.

PARAÍSO
Ray. Rusia/Alemania, 2016.
Dirección: Andrei Konchalovsky. Intérpretes: Yuliya Vysotskaya, Christian Clauss, Philippe Duquesne. Guión: Andrei Konchalovsky y Elena Kiseleva. Música: Serguei Shustitskiv. Fotografía: Aleskander Simonov. Montaje: Serguei Taraskin y Ekaterina Vesheva. Producción: Aleksander Brovarets, Florian Deyle y Loesva Gidrat. Duración: 133 minutos.

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