Estamos en guerra. Escribo esto horas después de haber visto Asesino: Misión venganza y mientras la radio anuncia un nuevo atentado terrorista en Londres. La película empieza con una escena impactante en la que una pareja de novios está celebrando su compromiso, el acaba de darle el anillo y se va a buscar algún trago espirituoso, todo es ternura hasta que unos terroristas bajan de unas lanchas y acribillan a los turistas. Si, también acribillan a la pareja de novios, ella muere y el sobrevive de milagro.

Lo que sigue nos muestra al muchacho, 18 meses después, convertido al yihadismo porque en ese tiempo elaboró una venganza sangrienta, se hizo comando, una especie de lobo solitario de Occidente, halló a la célula responsable de su tragedia y está dispuesto a matarlos a todos. Si claro, es un disparate infumable.

De ahí en más Asesino: Misión venganza no hace otra cosa que irse derecho a los caños, pero estamos en guerra y el cine hace su aporte propagandístico y mientras a veces el cometido se cumple, a veces salen cosas como Asesino…, una película disparatada, hecha medio a las disparadas, como da cuenta un guión endeble y lleno de baches y hasta problemas de edición. Asesino: Objetivo venganza es tan mediocre, que no la salva ni Michael Keaton, que esta vez está insoportable.

ASESINO: MISIÓN VENGANZA
American Assassin. Estados Unidos, 2017.
Dirección: Michael Cuesta. Guión: Stephen Schiff, Michael Finch, Edward Zwick, Marshall Herskovitz, basada en la novella de Vince Flynn. Intérpretes: Dylan O’Brien, Michael Keaton, Sanaa Lathan, Shiva Negar, Taylor Kitsch. Producción: Lorenzo di Bonaventura, Nick Wechsler. Duración: 111 minutos.

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