La escritora Marguerite Duras escribió sobre su desolación cuando su marido, Robert Antelme, fue encarcelado por los nazis casi en el final de la Segunda Guerra Mundial y creyó que no volvería a verlo. Emmanuel Finkiel (Voyages, Nulle part terre promise, Je ne suis pas un salaud) llevó al cine esos textos y el resultado es La douleur, un film correcto, en donde la actriz Mélanie Thierry interpreta de manera convincente a la escritora pero la puesta no logra superar la autoimpuesta importancia de lo que está contando.

Una y otra vez la película abusa del recurso del desdoblamiento del personaje, que por un lado padece la ausencia de su marido pero por el otro, se nutre de su propia angustia y hasta podría afirmarse que está enamorada de su dolor, como le dice otro personaje. El film entonces, va perdiendo solidez a medida que avanza el relato, quedándose sin recursos narrativos, fagocitados rápidamente en la primera parte.

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