Construida a la sombra de las ideas sobre puesta en escena y minimalismo de Aki Kaurismaki, Delicia es una película pequeña y previsible.

El primerísimo primer plano de una mujer cincuentona, con la piel demasiado ajada, los ojos opacos y un pasado insalvable abre la película haciendo foco en esa figura femenina. Delicia transita el camino de la comodidad, atraviesa lugares comunes del melodrama que une a dos solitarios, mayores, con vidas pasadas de las que no se revelará casi nada, él ciego, ella renga. Dos personajes que carecen de mucho pero sobre todo de afecto.

La puesta en escena es básica, la paleta de colores fuertes remarca el “toque Kaurismaki”, personajes que deambulan en largos planos secuencias que dejan ver poco y nada del contexto. Los vacíos o las carencias del relato son tan agudas que a veces, perdemos la empatía por esos personajes que están pensados, guionados, para conmover.

El desarrollo de la trama es obstaculizado constantemente por pequeños nudos narrativos que no tienen resolución. La falta de nombres de los personajes, inclusive la falta de filiación entre ellos explica un poco la trama: el lenguaje, que es el que “nombra” no puede ponerle nombre a esos personajes que tal vez, metafóricamente apelan a un universal. Y en este caso el universal es poco interesante, incluso la falta de referencias a la época en la que transcurre la película también puede apelar a esa vocación de universalizar pero a la vez le quita identidad a la película.

Al comienzo, esa mujer espera en una parada de colectivos (que será la misma en la que los personajes cerrarán la película a modo de circularidad) donde en un grafiti de fondo se ve un nombre borroneado. ¿Podemos pensar en una referencia política? ¿Un nombre propio debajo de esa sobreescritura? ¿Un nombre que reemplaza al de los personajes?. No lo sabemos, tal vez sea solo una interpretación hiperbólica dentro de la previsibilidad de Delicia.

DELICIA
Delicia. Argentina, 2017.
Director: Marcelo Mangone. Intérpretes: Marina Glezer, Beatriz Spelzini y Hugo Arana. Duración: 100 minutos.

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