Todo lo que veo es mío relata la estadía de Marcel Duchamp en Buenos Aires durante 1918 – 1919. El registro epistolar es el eje central a partir del que se conforma la errante narrativa de la película. Duchamp envía cartas a sus amigos en Francia, en Estados Unidos. En estas cartas, ese hombre vanguardista, callado y encandilado por el ajedrez, que revolucionó el mundo del arte con sus obras; le cuenta a sus amigos acerca de su estancia en esa Buenos Aires afrancesada de principios de siglo.

La obsesión de Duchamp por el ajedrez, ese deporte que pertenece al orden de las matemáticas y de la pura racionalidad, contrasta con su imaginación, exuberante y desmesurada. La película se hace cargo de esta dicotomía que expresa el gran artista en sus múltiples juegos de ajedrez y a la vez en su accionar como artista. La duplicidad es constante y este contraste también está presente en el trabajo con los espacios; de esa habitación vacía de muebles, de ese camarote pequeño pasa a una escena de parque abierta, marcando la errancia de Duchamp.

Los objetos de la vida cotidiana se vuelven “arte” para Duchamp; ese clavo que gira y marca el tiempo, esas gotas que caen en un primerísimo primer plano hacen que los directores puedan poner en escena algo del agitado pensamiento de un hombre que revolucionó el arte del Siglo XX. Un artista que pudo “ver” aquello que otros no veían, que pudo apropiarse de esos objetos cotidianos haciéndolos suyos; como ese vaso que aparece y desaparece mientras se llena de líquido.

Todo lo que veo es mío no es una biografía de Duchamp, es el registro de su paso por Buenos Aires filmado en un rabioso blanco y negro que produce un cierto distanciamiento, cierta extrañeza. Sin embargo, la película resulta tibia en su propuesta y en su concreción. Carente de pasión y desangelada, se sugiere un mundo bastante frío en relación a la mente exuberante de su protagonista. Las mejores escenas son aquellas en la que el protagonista muestra sus delirios; los encapuchados, alcoholizados y un poco locos jugando en un sillón, la jirafa que no tiene relación con nada, los juegos eróticos en el barco, el entramado de hilos que hace en su estudio con un piolín. Esas escenas muestran la pasión de Duchamp y sobresalen en relación al resto de la película.

TODO LO QUE VEO ES MÍO
Todo lo que veo es mío. Argentina, 2017. Guión y dirección: Mariano Galperin y Román Podolsky. Intérpretes: Michel Noher, Malena Sanchez, Julieta Vallina, Luis Ziembrowski, Guillermo Pfening, Julia Martinez Rubio, Iván Moscher, Gaspar Pouye y Francisco Garamona. Fotografía: Diego Robaldo. Música: Diego Tuñón. Edición: Andrés Tambornino. Dirección de arte: Lorena Ventimiglia. Sonido: Saavedra Sonido. Distribuidora: Cinetren. Duración: 82 minutos.

 

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