Con cuatro o cinco planos y con solo ver un par de minutos a través de esa cámara contemplativa, sometida al zoom in y a la toma secuencia nada enfática, solo valiéndose de esa visión apriorística, se percibe que El día después es un film del coreano Hong Sang-soo, el prolífico cineasta (21 títulos en 20 años), bendecido por Cannes y otros festivales clase A y por la crítica o buena parte ella de acá, de allá y de todas partes.

Por estos lares solo se tuvo el estreno comercial de En otro país (porque trabajaba Isabelle Huppert), cuestión que reafirma que dentro de un negocio del cine que solo repara en superhéroes, films de animación y boludeces procedentes del terror menos original, el nombre de Hong Sang-soo únicamente podrá ser focalizado a través de los festivales y del elogio de la crítica (exagerado o justificado) sobre una cuantiosa filmografía elaborada en poco tiempo. Bienvenido, entonces, el estreno comercial de El día después.

Confesión: no vi todo lo que hizo el director, más aun, creo que no supero la docena de títulos. Otra confesión: no estoy entre los adherentes incondicionales de su cine y al momento de elegir me interesan más sus films iniciales que algunos de los más cercanos. Última confesión: me jode que se tome como bandera de batalla al cine del coreano para oponerlo a otro que refiere a miserias, incorrecciones políticas, familias disfuncionales y una visión poco complaciente sobre el mundo. No entiendo esta perezosa y tajante división entre dos clases de cine, elogiado o denostado por su dosis o no de crueldad.

Aclarados estos ítems, El día después exhibe a cuatro personajes (un hombre, tres mujeres), algunas pocas locaciones, una puesta en escena lacónica y austera, unos diálogos trabajados al extremo y un uso de los tiempos y del espacio totalmente funcionales a una trama que podría contarse en veinte, treinta palabras.

Con solo esos elementos, pero desde un absoluto control de la puesta, Hong Sang-soo presenta a Bongwan, editor y crítico literario, a su amante asistente, a su furiosa esposa y a una nueva empleada.

El tono es agridulce en las múltiples conversaciones entre dos o tres personajes, rociadas por buenas cantidades de soju, registradas por un blanco y negro que remite a los films iniciales de Eric Rohmer, a sus cuentos morales, a aquella panadera de Monceu y a esa coleccionista de los años 60 de la Nouvelle Vague. La referencia no es casual: como en determinados films del director de La dama y el duque, en el caso de El día después, las supuestas conversaciones banales encubren un estado de ánimo, un reflexión sincera, una infidelidad hipotética, un temor a la revelación. Por eso, la reacción de la esposa del protagonista, que cachetea y denigra a la nueva empleada creyendo que se trata de la amante de su marido, resulta un logrado momento de comedia de equívoco, de error inesperado y recurrente dentro del género. En ese punto se sitúa el film de Hong Sang-soo: mirar hacia la influencia rohmeriana y desde allí agregarle una buena dosis de situaciones dignas del género, teñidas de melancolía sobre el paso del tiempo en donde los afectos (o la falta de ellos) actúan como ejes desencadenantes de la trama.

Todo eso, claro está, sustentado en esa puesta en escena invisible y sin adornos que caracteriza al cine del realizador.

EL DÍA DESPUÉS
Geu-hu. Corea del Sur, 2017.
Dirección y guión: Hong Sang-soo. Con: Kwon Hae-hyo, Kim Min-hee, Jo Yoon-hee, Kim Sae-byeok, Ki Joabang. Producción: Hong Sang-soo. Duración: 92 minutos.

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