En estos tiempos de sagas o franquicias en el mundo del cine, el terror no solo no es ajeno a esta tendencia serial sino que desde hace décadas viene marcando el camino sinuoso de las secuelas como chorizos. Claro, no todo es lo mismo y, aunque dentro del género abunda el material de segunda selección, algunos de los exponentes más interesantes e influyentes de los últimos años vinieron de esta manera. Es el caso de El conjuro, con dos films que muestran los casos paranormales del matrimonio Warren y dos spin offs que se desprenden del arco principal (Anabelle y la próxima a estrenarse The Nun). El responsable allí es el realizador australiano James Wan, también director del primer film de El juego del miedo (no tiene la culpa de la debacle que le siguió) y de las dos primeras películas de La noche del Demonio, cuya cuarta entrega hoy nos ocupa.

La noche del demonio ocupa un lugar quizás menos relevante pero también exitoso en términos de franquicia. Para la tercera entrega, ya sin Wan, la serie quedó en manos de su creador, Leigh Whannel. Hasta entonces Whannel tenía la responsabilidad de guionista y actor (interpreta a Specs, uno de los secundarios que aparece en todos los films) y allí debutó como director. La noche del demonio: capitulo 3 vino en forma de precuela, y también como suerte de spin off ya que contaba uno de los primeros casos de la psíquica Elise Rainier (Lin Shaye), uno de los personajes más ricos de las dos primeras películas.

Para esta cuarta entrega Wahnnel dejó el puesto de director en manos del casi desconocido Adam Robitel, aunque conservó sus cargos históricos de actor y escritor. El film, a la vez secuela de la 3 y precuela de las dos primeras, se ubicaría como segunda en la línea temporal, donde Lyn Shaye vuelve a ser protagonista en el papel de Elise Rainer. Un protagonismo que es reforzado porque ahora es su historia personal y familiar la que aparece en primer plano ya que el caso que le toca atender ocurre en la fue la casa de su infancia, donde empezó a experimentar sus primeros contactos con el más allá y de la cual guarda más traumas que recuerdos felices.

Precisamente lo más interesante de La noche del Demonio: la última llave es la exploración de la historia personal del personaje de Elise, su relación traumática con su padre violento que reprime las manifestaciones de su don, el refugio en su madre y hermano menor y las primeras y aterradoras muestras de su capacidad de comunicarse con el mundo de lo sobrenatural. Este pasado está contado en gran parte por medio de flashbacks que muestran una Elise niña y adolescente, mientras Lyn Shaye, en una actuación que se carga el film al hombro, se pone en la piel de la Elise adulta y va develando la relación de este pasado con los horrores del presente.

Donde el film naufraga es precisamente en lo que conforma su razón de ser como film de terror. La ultima llave falla a la hora de provocar miedo y acude a los trucos más básicos y baratos para forzar un efecto que no puede conseguir por medios más refinados. Se nota sin embargo que el realizador intenta por momentos construir un cierto clima, una atmósfera ominosa. Pero en todos los casos, aún cuando incluso parece que va a conseguirlo, pierde la paciencia y opta por la fácil que es sacarse el asunto de encima por medio de algún sobresalto con monstruo salido de la nada y sonido chirriante (el típico y remanido “jump scare”) para liquidar la cuestión sin mayor trámite. Una muestra de pereza creativa que es aún más triste en una saga que había arrancado de una manera más digna.

LA NOCHE DEL DEMONIO: LA ÚLTIMA LLAVE
La noche del Demonio: la última llave. Estados Unidos. 2018
Dirección: Adam Robitel. Intérpretes: Lin Shaye, Angus Sampson, Leigh Whannell, Josh Stewart, Caitlin Gerard, Bruce Davison, Kirk Acevedo, Javier Botet . Guión: Leigh Whannell. Fotografía: Toby Oliver. Música: Joseph Bishara. Edición: Timothy Alverson. Duración: 103 minutos.

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