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T avo es piletero, un trabajo bastante poco glamoroso pese a que se desarrolla en casas y mansiones de countries y barrios exclusivos. Tavo limpia las piletas de la gente adinerada en una suerte de observación no participante. Es un outsider que sin embargo, en medio de su actividad que incluye un mantenimiento periódico, se entera con precisión de las vidas, relaciones, características sociales, nivel económico y rutinas diarias de sus clientes. Y también de la fortaleza o debilidad en la seguridad de sus propiedades. Este conocimiento, que le llega por añadidura y sin buscarlo, es valioso para El Pejerrey, el jefe de una banda de la zona que se dedica a asaltar casas. El Pejerrey encara a Tavo para proponerle que le de la información que necesita para hacer los golpes más prolijos y menos riesgosos a cambio de una tajada del botín. Tavo se resiste pero no mucho y entra en el juego como informante, rol que, dado que viene como adjunto a su trabajo principal, no le cuesta nada, o eso cree él.

Jorge Alejandro Colás ya tiene en su haber tres largos documentales: Parador Retiro (2008), Grisel, un amor en tiempos de tango (2012), y Los pibes (2015). Algo de la observación, del registro paciente propio del documental, está presente también en este, su primer largo de ficción. La cámara sigue todo al tiempo a Tavo, su cotidianeidad, sus rutinas y la monotonía de su actividad que es también propicia para que su cabeza trabaje, para que se alimenten sus dudas, sus inseguridades y sus resentimientos. Este trabajo de observación que hace creíble la realidad del personaje también está reforzado por el hecho de estar basado en una novela de Félix Bruzzone, escritor que a su vez trabajó como piletero y aquí cuenta algunas de sus experiencias en el rubro. Mejor no saber cuáles son inspiradas en hechos reales y cuales son pura invención.

A pesar de la trama propia del policial, Barrefondo no es tanto un film del género sino que se sirve de algunos de sus elementos para mostrar aquello que le interesa, que tiene que ver más con cierta observación social. Mostrar el conflicto de clase que se desarrolla de manera poco estridente y más bien asordinada pero igualmente despiadada y cruel. Tavo tiene un permanente roce con una clase que no es la suya, una no pertenencia que sus clientes le hacen sentir diariamente con pequeñas muestras de desprecio o humillaciones concretas.

Su vida familiar tampoco es muy alentadora, con una esposa embarazada que le hace también diarios desplantes y muestras de desvalorización y un suegro ex-policía que interfiere más de la cuenta en la vida de la pareja. Tavo es más bien un tipo silencioso y las únicas relaciones con cierta intimidad que le conocemos son su esposa, su suegro y una suerte de empleado que no califica como amigo. El único interés que demuestra esta en el juego aunque ni eso llega a ser una pasión. El protagonista no hace más que ir aguantando y todo ello confluye para que cuando llegue la propuesta de El pejerrey, le de cauce de manera no muy profesional, movido más por el resentimiento y la venganza.

Aquello que tiene que ver con la trama policial se juega en el fuera de campo. El único disparo que escuchamos, que Tavo escucha, proviene de un episodio confuso que no alcanza a registrar ni comprender. Este no participa presencialmente de los asaltos (aunque eso no significa que sus consecuencias no le vayan a llegar) y de los mismos nos enteramos una vez cometidos con la información que le llega el protagonista, único punto de vista que el realizador elige mostrar ya que de lo que se trata es de mostrar su cotidianeidad, su rencor y su relaciones nocivas que llevan también su carga de violencia implícita. Es por eso que, aunque no vemos la acción más dura, la tensión igual está presente.

Barrefondo podría armar un buen doble programa con El cauce (2017) de Agustín Falco, otro film argentino, donde el elemento de género está más explícito, pero que también muestra como cierta desesperación (social, económica, personal) puede llevar a un tipo común a a relacionarse con el mundo del delito y la marginalidad, en el cual no se mueve pero que de todos modos lo atrapa. Un par de interesantes muestras del cine argentino reciente que quizás estén dando cuenta de un cierto (mal) clima de época.

BARREFONDO
Barrefondo. Argentina. 2017
Dirección: Jorge Leandro Colás. Intérpretes: Nahuel Viale, Sergio Boris, María Soldi, Claudio Da Passano, Osqui Guzmán. Guión: Jorge Leandro Colás. sobre la novela de Félix Bruzzone. Fotografía: Leonel Pazos Scioli. Edición: Karina Expósito. Duración: 76 minutos.

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