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Sabiamente estructurada en tres partes bien diferenciadas entre sí, el último opus de Kathryn Bigelow adquiere, del principio al final, una postura lejana a la corrección política, a las fórmulas de ocasión y a la búsqueda de un espectador bienpensante. Así como ocurría en La noche más oscura y en menor medida en la ya lejana Días extraños (su opera prima Cuando cae la oscuridad hoy puede verse como un festín cinéfilo y solo eso), Bigelow tensiona al extremo la capacidad y resistencia del espectador.

Como sucedía con la última hora de La noche más oscura, con el grupo de elite (comandado por una representante de la CIA) a la búsqueda de Bil Laden, la directora de la sobrevalorada Punto límite sabe que juega con fuego pero no teme quemarse las manos en pos de la fisicidad y el suspenso / terror psicológico que invade a las historias.

Vaya desafío el de Detroit: Zona de conflicto: sumergirse en los violentos hechos ocurridos allí en 1967, a dos años de haberse producido el asesinato de Malcolm X y a uno de que suceda el crimen de Martin Luther King.

Pero para Bigelow, en la primera parte, el personaje es la masa enfrentada al poder, posibilidad que le da a la realizadora de mezclar material documental y de ficción, haciendo crecer el estallido social-racial hasta límites insospechados, sin líderes ni mandatos procedentes de la política. Es un enfrentamiento racial, crudo y sin concesiones.

En su segundo segmento, que invierte más de una dura y que traslucirá como el núcleo del relato, el film se centra en el motel Algiers, con una docena de personajes principales y secundarios, feroces y sanguinarios policías, negros que serán humillados y torturados y dos chicas blancas que andaban por ahí. Y un personaje periférico y polémico: un guardia de seguridad, negro, que actúa como criatura antagónica del enfermo y repulsivo agente Krauss.

Una tercera y última parte, luego de la violencia física extrema que la precede, oficia como una pátina de corrección y como vehículo tranquilizador, cuestión que no invalida a la película pero la decanta hacia una zona menos compleja.

Justamente, esa complejidad de situaciones al límite es lo que marca a fuego las mejores zonas dramáticas de Detroit. Esa fiereza narrativa de Bigelow que parece oponerse al modelo Hollywood sistematizado, y que la ubica junto a las propuestas valiosas o no de Clint Eastwood y Mel Gibson (más allá de cuestiones “ideológicas”), convierten a la directora en una figura extraña e inclasificable en medio de los oropeles y las polémicas que últimamente vienen sacudiendo al Imperio del Cine.

DETROIT: ZONA DE CONFLICTO
Detroit. Estados Unidos, 2017.
Dirección: Kathryn Bigelow. Guión: Mark Boal. Intérpretes: John Boyega, Will Poulter, Algee Smith, Jacob Latimore, John Krasinski, Anthony Mackie, Jason Mitchell, Hannah Muray, Jack Reynor, Kaitlyn Devor, Ben O’Toole, Nathan Davis Jr., Peyton Alex Smith, Malcolm David Kelley, Joseph David-Jones, Laz Alonso, Ephraim Sykes, Leon Thomas III.Fotografía: Barry Ackroyd. Edición: William Goldenberg. Diseño de producción: Jeremy Hindle. Duración: 143 minutos.

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