Una historia de amor suele ser la historia de una ciudad. El encuentro de los amantes redescubre cada rincón componiendo las más pintorescas postales de los más mundanos recovecos del mundo. Ciudades capitales del viejo continente se enorgullecen en oficiar las más singulares y cómicas escenas de amorío.

Hablemos de amor nos priva de todo aquello. Entregando una tediosa catarata de diálogos entre alaridos y desproporcionadas gesticulaciones. Un grotesco criollo (a la italiana) con el anodino gusto que produce la llana confrontación generacional en un contexto como el de dicho país. No hay ausencia de dinero, solamente frustración, fracaso y humillación. Dos parejas encaran el drama cuando se descubre la infidelidad en una de ellas. Punto de partida para una catarsis, por momentos inverosímil, donde poco de lo más mundano (en las dos acepciones de la palabra) queda por fuera.

La pareja confrontada invade el living de la feliz pareja de escritores, solo un pez es testigo inaugural, y de clausura, de toda esta insoportable viñeta. Quizás estemos igual de atrapados, al otro lado del frio cristal, siendo testigos de semejante histeria. Sin mayores sobresaltos esta obra teatral, forzosamente devenida en película, deja atrás la vital presencia de los cuerpos sobre el escenario. Encerrados en un departamento observamos estas sombras parlanchinas, poca catarsis resulta mientras afuera la luna y el sol alumbran Roma.

HABLEMOS DE AMOR
Dobbiamo Parlare. Italia, 2015.
Dirección: Sergio Rubini. Guión: Sergio Rubini, Carla Cavalluzzi y Diego De Silva. Intérpretes: Fabrizio Bentivoglio, Maria Pia Calzone, Sergio Rubini, Isabella Ragonese, Antonio Albanese. Producción: Marco Balsamo, Carlo Degli Esposti y Marco Camilli. Distribuidora: SBP Worldwide. Duración: 101 minutos.

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