En los setenta, antes de que los ranking de millonarios se pusieran de moda en los medios, Jean Paul Getty era considerado el hombre más rico del mundo gracias a sus inversiones en el negocio del petróleo, que se remontaban a la época en que tejió vínculos con los países árabes. Lo cierto es que la excentricidad de Getty superaba los límites de su mansión en Inglaterra y se sabía que coleccionaba obras de arte solo para ser disfrutadas por él y además, que cuidaba cada petro-dolar de sus cuentas bancarias con fiereza. Es decir, que era un avaro de proporciones míticas. Lo cierto es que el secuestro en Roma de uno de los nietos de este señor en 1973, fue la noticia de tapa de los diarios del mundo, primero por el hecho en si pero después, porque el magnate se negaba a ceder ni un dólar de los 17 millones que pedían los secuestradores.

La película de Ridley Scott es un artefacto raro. En principio por todo lo que se supo del rodaje, que concluyó y que estaba lista justo para el momento en que estalló el escándalo Weinstein, apenas el iceberg de numerosas estrellas denunciadas por acoso sexual, entre ellas Kevin Spacey…, la estrella de Todo el dinero del mundo. Rápido de reflejos, Scott cortó (literalmente) por lo sano eliminando a Spacey del film (¡al protagonista!) y reemplazándolo por Christopher Plummer. Ahora bien, más allá de lo arriesgado de la apuesta y que la jugada da cuenta de los parámetros despiadados con que se maneja el negocio del cine a gran escala, el relato transita el trhiller, el biopic oblicuo, un estudio sobre el poder, el drama familiar y la política. La enumeración de estos elementos -enraizadas en las diferentes líneas narrativas- en general sirven para demoler alguna película que peca de dispersa, demasiado ambiciosa y hasta confusa. Pero el director británico logra sostener y encauzar todas las variables, aunque no deja de ser una producción industrial manejada con todo el oficio de que es capaz el veterano y prolífico Ridley Scott.

El relato se estructura sobre tres personajes: Getty (Plummer), la madre del joven secuestrado (Michelle Williams) y un ex CIA en tareas de negociador con los secuestradores (Mark Wahlberg), más el nieto cautivo (Charlie Plummer) y el principal secruestrador (Romain Duris). Más allá del buen elenco, es indudable que el trabajo de Christopher Plummer es el que concentra los mejores momentos de la película dándole vida a un millonario desalmado, feroz y a la vez humano, una labor que sin la posibilidad de ver la primera versión del film -¿algún día se filtrará?-, deja rápidamente en el olvido que originalmente el papel estuvo a cargo de Spacey.

TODO EL DINERO DEL MUNDO
All the Money in the World. Estados Unidos, 2017.
Dirección: Ridley Scott. Intérpretes: Michelle Williams, Christopher Plummer, Mark Wahlberg, Charlie Plummer, Timothy Hutton y Romain Duris. Guión: David Scarpa, basado en el libro de John Pearson. Fotografía: Dariusz Wolski. Música: Daniel Pemberton. Edición: Claire Simpson. Distribuidora: Diamond Films. Duración: 132 minutos.

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