Una buena cantidad de relatos de terror transcurren en lugares que no son simplemente una locación de fondo donde transcurren los hechos, sino lugares que poseen su propia carga siniestra, casi como si fueran personajes en sí mismos, monstruos o antagonistas. Stephen King los pensó como un arquetipo en su libro de ensayo Danse Macabre y los bautizó The Bad Place (el lugar malo). Este Bad Place puede ser cualquiera, el bosque en La bruja, un hotel en El resplandor, una nave espacial en Event Horizon. Pero la forma que le vemos con más frecuencia es la Casa Embrujada de la cual tenemos cientos de películas, la mayor parte imposibles de distinguir una de otra, estrenándose cada tanto. Y si el Bad Place puede ser cualquiera, un banco puede cumplir el rol sin problemas. De hecho las mismas reglas de la casa embrujada se le pueden aplicar fácilmente. Esto es exactamente lo que sucede con La bóveda.

Un grupo de asaltantes liderado por tres hermanos, dos mujeres y un varón, entran a robar un banco con la esperanza de llevarse un buen botín. El disponible no era el esperado y la situación, tensa de por sí, se pone todavía más inflamable. Un empleado, con la idea de que los ladrones se den por satisfechos y se vayan sin lastimar a nadie, les propone abrir la bóveda que está en el sótano al que nadie visita y que contiene varios millones de dólares. Lo que se van a enterar más tarde y de mala manera es que nadie baja porque allí se ven y se oyen cosas raras. Averiguando un poco más se revela, como suele suceder en los sitios embrujados y en los lugares malos en general, que hubo un acontecimiento en el pasado del banco que lo dejó de algún modo contaminado con una presencia oscura. Un intento de asalto ocurrido hace más de cuarenta años que terminó con todos los rehenes asesinados y el psicópata asaltante desaparecido. Una vez ahí, van a descubrir que lo que queda de estas entidades sigue dando vueltas por ahí abajo.

Se podría entonces pensar a La bóveda como una suerte de crossover entre película de asalto, película de lugar embrujado y también del subgénero que bautizamos como “a los ladrones les salió el tiro por la culata”, ese tipo de historias donde los delincuentes se encuentran con algo que es mucho más peligroso que ellos y pasan de victimarios a víctimas (secuestran un niño diabólico, entran a la casa de un psicópata, etc). En este caso su carácter de inesperadas presas es doble, acorralados por el peligro externo y terrenal de la policía que sitia el edificio y por el interno y sobrenatural que los acecha en los pasillos subterráneos.

El punto de vista es el de los asaltantes, en particular las dos hermanas, las cuales representan, como también es habitual en estos casos, dos facciones dentro de la banda, los duros y los blandos, los locos peligrosos de los cuales nada nos importa y los buenos que están cometiendo un acto equivocado por una necesidad que los supera y con los cuales tenemos más empatía y preocupación. Su retrato es bastante básico: los malos sacados y los buenos de buen corazón cuyo extremo es el hermano culposo (bueno, en realidad, sí tiene la culpa ya que es por él que están ahí). Hay también un elenco interesante que hace un buen papel pese a lo esquemático de sus personajes.

La bóveda es original en su rejunte de subgéneros pero ahí se le acaba la novedad. Después de eso es la aplicación del planteo de manera más o menos esperable: tipos que andan solos por pasillos oscuros, apariciones fantasmales, muertes truculentas y los sobresaltos de rigor. Aun así, es esta misma mixtura la que consigue mantener el interés

LA BÓVEDA]
The Vault. Estados Unidos. 2017. ]
Director: Dan Bush. Intérpretes: James Franco, Taryn Manning, Francesca Fisher-Eastwood, Scott Haze, Q’orianka Kilcher, Jeff Gum, Clifton Collins Jr. Guión: Dan Bush, Conal Byrne. Fotografía: Andrew Shulkind. Edición: Dan Bush, Ed Marx. Música: Shaun Drew. Duración: 91 minutos.

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