La presencia de un ejemplar del Necronomicón en la Biblioteca de Buenos Aires ya estaba explicitada en la obra de Lovecraft. El Necronomicón es un libro célebre (y ficticio, por más que algún despistado todavía cree en su existencia real) que forma parte esencial de la mitología creada por el escritor norteamericano Howard Phillips Lovecraft. Escrito por el árabe loco Abdul Al Alhazred en el siglo VIII DC, su lectura es capaz de producir la locura a los entusiastas e incautos que se le atreven. Los ritos allí compilados permiten invocar a los Dioses Antiguos y abrirles la puerta a este mundo que alguna vez les perteneció y al que, a su regreso, volverán a reclamar como propio. Según el autor, quedaban pocos ejemplares por el mundo, ocultos dada su evidente peligrosidad, y uno de estos se alojaba nada menos que en la Biblioteca Nacional de Buenos Aires. Jorge Luis Borges, apasionado de la literatura fantástica, dedicó algunos párrafos al escritor de Providence y la anécdota conocida, y presuntamente real, es que cuando fue director de la Biblioteca Nacional en su sede de la calle México, con su particular sentido del humor, elaboró una ficha de este supuesto ejemplar incunable como si realmente estuviera dentro de su patrimonio.

Toda esta serie de hechos puede ser jugosa para un fan local del terror y tiene un gran potencial como para construir un relato de los mitos de Cthulhu ambientando en Buenos Aires con personajes de acá y eso es lo que finalmente sucede con Necronomicón, el libro del infierno. Luis (Diego Velázquez), un empleado de la biblioteca, recibe el encargo de revisar un sector de los sótanos recientemente redescubierto para ver qué ejemplares pueden restaurarse, y entre estos libros se encuentra el misterioso ejemplar señalado por Lovecraft. Su salida a la luz despierta la tentación de personajes oscuros y pone al incauto bibliotecario al acecho de las fuerzas ocultas.

El realizador Marcelo Schapces fue el que tuvo la idea de aprovechar el pie que dejó Lovecraft y la anécdota borgeana. Armó también un equipo creativo con grandes antecedentes. En la parte argumental con el guionistas Lucas Saracino, con amplia experiencia en el comic (y también en la serie Germán, últimas viñetas) y el escritor Ricardo Romero, autor, entre otras obras, de una muy interesante trilogía iniciada por El síndrome de Rasputín. En la parte visual con el diseño del libro maldito por parte del ilustrador Aldo Requena y en las criaturas por parte de Salvador Sanz, unos de los mejores autores de la historieta argentina actual. Esto sumado a un buen elenco configura una propuesta tentadora. No obstante a veces el todo no está asegurado por la suma de las partes.

Hay un clima ominoso ya desde el minuto uno. Buenos Aires agobiada por la humedad, la oscuridad y una sensación de viscosidad. Algo así como el “caos reptante” que le gustaba describir a Lovecraft y un clima apocalíptico que Romero ya introdujo en la Buenos Aires de su mencionada trilogía. Esta sensación permanente de catástrofe inminente continúa ininterrumpida hasta el final y, si bien se ve ahí la intención de construir una atmósfera, también conspira contra el relato achatándolo. Así, cuando algo efectivamente pasa y el horror aparece, se diluye en un tratamiento indiferenciado y lineal que termina agotando. Todos los personajes parecen estar al tanto del mal que acecha menos el protagonista, quien no entiende -y se la pasa diciendo que no entiende- sus actitudes misteriosas y frases elusivas.

El resultado final es ambiguo. Las buenas ideas argumentales conviven con agujeros, arbitrariedades, personajes cuya presencia o comportamiento no se justifica y diálogos afectados e inverosímiles. Mientras, las ideas visuales y el diseño creativo conviven con el exceso de los efectos digitales que en varios tramos resultan poco convincentes. Y aunque el film tiene algunos momentos prometedores, unos cuantos guiños a la obra de Lovecraft (a quien nunca se menciona), Borges y Edgar Allan Poe (en particular la premisa de La carta robada) y un conocimiento y respeto por el legado de esos autores, el resultado final deja la sensación de que los elementos reunidos no están aprovechados.

NECRONOMICON, EL LIBRO DEL INFIERNO
Necronomicón, el libro del infierno. Argentina, 2018
Dirección: Marcelo Schapces. Intérpretes: Diego Velázquez, María Laura Cali, Victoria Maurette, Cecilia Rossetto, Daniel Fanego, Federico Luppi. Guión: Luciano Saracino y Ricardo Romero, sobre una idea de Marcelo Schapces. Fotografía: Marcelo Mangone. Música: Pablo Borghi. Edición: Nicolás Goldbart, Camila Menéndez. Duración: 90 minutos

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