Mudanza a una otra ciudad a mitad del año escolar y claro, una adolescente sin amigos, con los padres ocupados con su propia existencia. Con menos de 15 años el camino lógico para relacionarse es el colegio, pero nada, enseguida llega el bullying,la soledad y literalmente hacer para cualquier cosa para pertenecer a algo. Algo en esa edad puede el grupo más cool de la división, que no la acepta hasta que Mia (extraordinaria Luna Weller) la chica dobla la apuesta en cada uno de los gestos de rebeldía y finalmente es aceptada.

El tránsito de la niñez a la adolescencia suele ser un tópico del cine pero la suiza Lisa Brühlmann da cuenta de que está dispuesta a ir varios pasos más allá, entonces Mía es como tantas chicas de su edad y a la vez es diferente. Es rebelde, se mete en problemas, experimenta con el sexo, no le interesa la escuela pero tiene algo diferente, una ferocidad casi animal que la distingue y la aísla.

Sin adelantar nada, Blue My Mind se va poniendo más oscura, los cambios de la protagonista tienen un foco interesante y definitivamente asqueroso en su anotomía y la resolución del relato va por , digamos, caminos poco frecuentes. Una fuerte alegoría sobre la identidad y el crecimiento (no importa hacia dónde y cómo) en una opera prima incómoda pero destacable.

Blue My Mind, de Lisa Brühlmann (Suiza, 2017)

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