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Esta vez filmada en el Alto Boliviano, Campusano nos entrega una película más. Todavía no nos recomponemos de El azote, película ganadora de la competencia Nacional en el Festival de Mar del Plata, y aquí está nuevamente, con toda la seriedad que lo caracteriza.

El silencio a gritos es severa, descarnada con un espectador tierno y entregado a las complacencias del festival. Nuevamente sentimos el azote, la rudeza de las imágenes tiene el valor del respeto, tocando un tema sensible como lo es el abuso sexual infantil, no se detiene en morbosas descripciones ni dramáticos monólogos. El verosímil fluctúa con solides, pocos directores logran semejante empresa, entre su estilo habitual que podrá parecer un tanto desprolijo y el uso de actores no profesionales.

Este cine da como resultado una obra, que, como una pieza de herrería, logra dar forma a un material muy duro (la realidad filmada en crudo) mostrando las puntadas de su unión cual cicatrices.

El silencio a gritos, de José Celestino Campusano (Argentina, 2018)

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