Dos películas en una? No creo que sea tan así. En todo caso los riesgos que toma Inés de Oliveira Cézar con su nuevo opus ya aparecían en buena parte de su obra anterior (Cómo pasan las horas; Cassandra; ExtranjeraEl recuento de los daños, para mí, su mejor película).

Las decisiones estéticas y temáticas de la cineasta vuelven en La otra piel a partir de la fusión entre dos ejes dramáticos que se yuxtaponen, separan y vuelven a combinarse. Dos personalidades y una pareja en crisis: ella, tatuadora, Abril (extraordinaria composición actoral entre silencios y mínimos gestos de María Figueras), y él (Rafael Spregelburd), por su parte, a pleno ensayo de su propia “La terquedad”. Dos universos a punto de separarse, dos maneras diferentes de (con)vivir con un conflicto.

La decisión la toma Abril, sin avisarle a nadie, yéndose a una playa tranquila en Brasil, con plata, valija y un cuerpo y piel que se traslada y se va de todo aquello que no le corresponde. ¿Viaje iniciático? Sí, viaje burgués también, como si Liv Ullmann (o sus personajes) decidieran separarse de sus esposos “artistas” (pienso en Max Von Sydow), en aquellas películas de Ingmar Bergman de fines de los 60 (La hora del loboLa pasión de AnaVergüenza!).

Un cuerpo vive nuevas sensaciones (tal vez escapándose de una muerte cercana pero nunca exhibida en su totalidad) y otro continúa con los ensayos de la obra. Pero aparece otro cuerpo: la mamá de Abril (esa enorme actriz Mónica Galán), ocupando un espacio vacío, reacondicionando una casa frente a la ausencia.

La otra piel construye a su personaje principal y a sus dos secundarios con suma astucia proponiendo una zona de riesgo al conjugar parte del texto de “La terquedad” (con la voz del mismo Spregelburd) hacia la piel y figura de Abril. En ese desafío que toma la cineasta, la película gana y pierde interés, determinadas escenas traslucen repetitivas y el metraje se extiende en demasía. Como contrapeso dramático, las caminatas, silencios, los pequeños hechos que vive la protagonista (que hasta incluyen un robo) se manifiestan como la zona más lograda y dramáticamente virtuosa de la película.

Como sucede cuando Abril habla sola y se pelea con un cajón al que no puede cerrar: en ese mínimo detalle, en ese gesto feliz del personaje, pautado por cierta simpatía de tono minimalista, La otra piel encuentra sus mejores momentos.

LA OTRA PIEL
La otra piel. Argentina, 2018. Dirección y guión: Inés de Oliveira Cézar. Fotografía: Federico Bracken. Música: Gustavo Pomeranec y Luis Gayotto. Edición: Ana Poliak. Dirección de arte: Betania Rabino. Sonido: Gustavo Pomeranec, Adrián Rodriguez y Favio Pecoro. Con: María Figueras, Rafael Spregelburd, Pablo Seijó, Roxana Berco, Mónica Galán. Duración: 110 minutos.

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