Entre los bastos escenarios del imaginario cinematográfico hay uno que seduce tanto como estremece; el basto mar se despliega con una extensión tan dinámica como letal. Pocos intrépidos aventureros se han sometido a la andanza en estos mortales paisajes. Una vez más asistimos al teatro de la tragedia, éste episodio entrega una nueva dosis de desasosiego a los espectadores. En estos tiempos que corren la desazón se vive en las calles, ingresar a la sala puede ser la promesa de una blanda ilusión. El público esta avisado.

Una historia de héroes románticos necesita primero del “sacrificio”. Tami y Richard se encuentran en un puerto, ella viaja sola y desea conocer el mundo (con la inverosímil tranquilidad de países lejanos), él es un joven y experto marinero (con la verosímil tranquilidad que da una acomodada posición económica). Huyendo del mundo construyen su propio mundo. Apasionados, encontraran la verdadera melancolía a la deriva en el océano Pacifico.

El mar se parece a nuestra llanura, paisajes lóbregos donde los personajes son abrumados de tristeza, abandono y soledad. Tami y Richard naufragan fundiendo su espíritu con el del mar, perdidos para siempre la muerte parece el único puerto donde atracar. La heroína de este film entrega todo, su voluntad implacable se ve arrastrada y doblegada ante la oscura inmensidad. Los restos del barco no representan ninguna presencia para esta dinámica llanura, son como un minúsculo cuadrado negro sobre el magnate fondo negro.

El mal que Tami sufre es entreverado con episodios de un pasado en tierra firme, pequeñas viñetas del amor naciente. Ilusiones, fantasías y complicidad se transforman en perdida, muerte, enfermedad física y ansiedad espiritual. El bote es una insignificante hojarasca que baila sin rumbo cierto, no hay de donde asirse ni un punto fijo donde descansar la mirada.

Se trata de la carencia que ésta retratada en el origen de la melancolía moderna: “lo que falta existe, puesto que nos falta” reza Jouffroy. El mar-desierto es un paisaje cinematográfico de la carencia, un lugar vacío que nos remite a la falta, tanto de valor simbólico como real. El vacío que A la deriva retrata no solo es físico, permite ahondar en el vacío metafísico. La muerte en éste desierto permite a la pareja juntarse para siempre. La eternidad a(parece) en el vagar errante en un espacio infinito. Cruzando la barrera de lo físico, Richard conduce el destino de Tami hacia nuevos puertos.

A LA DERIVA 
Adrift.Estados Unidos/Islandia/Hong Kong, 2018.
Dirección: Baltasar Kormákur. Guión: Aaron Kandell, Jordan Kandell y David Branson Smith. Intérpretes: Shailene Woodley, Sam Claflin, Grace Palmer, Jeffrey Thomas y Elizabeth Hawthorne. Fotografía: Robert Richardson. Música: Volker Bertelmann. Edición: John Gilbert. Distribuidora: Diamond Films. Duración: 96 minutos.

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