La política no puede ser más que una farsa, porque la realidad es dramática. Estas y otras oscuras ideas recorren la propuesta de The Party. Sus personajes dionisiacos, son poseídos por el gesto del impulso: de la histeria. Histeria colectiva de la post-postverdad. Personajes enroscados en el cinismo de pensar las relaciones en un eterno vinculo de rivalidad retórica. A pesar de tanta oscuridad existencial los temas y dinámicas que se establecen entre ellos construyen situaciones hilarantes. Fase diurna y fase nocturna de los personajes se articulan en un guion enroscado, dinámico y divertido. Dado cierto momento el arma aparece en la casa, como si de una Clue se tratara, algo de juego policial se suma al blanco y negro para exprimirle el jugo a la pantalla.

Encarnando viejos ideales, una generación universitaria (y actoral) que dio debates en su momento y ahora muestra su brillo en la puesta. La diferencia generacional deja a los personajes más jóvenes la tragicomedia de las caras de velocidad y el feminismo de slogans. Entre todas estas miserias aparece un personaje enigmático. Marianne es la mujer mito, transita su presencia la casa a medida que la película avanza. Un enfrentamiento, por el amor del fantasma Marianne, despliega argumentos con culpa de clase y una contienda (casi filosófica) sobre la propiedad y el amor.

Para estos personajes la única nobleza posible resulta el preguntarse si la empresa no fue en vano, si no se siguió el espejismo de un ideal antiguo. En tiempos voraces, donde el terreno parece cada vez menos fecundo para actualizar valores en propuestas reales. Es en la segunda mitad del film donde se empieza a mostrar una tragicomedia existencial. Luego de la presentación de las máscaras los personajes deberán romper con el estereotipo para entregar profundidad a sus conflictos internos y externos.

No se puede dejar de pensar en Faces cuando se ven estos tipos de propuestas en la cartelera, más allá de que el fuerte éste en la idea de ver teatro en el cine. Cierta búsqueda de incomodidad se manifiesta en un enunciador mucho menos refinado que el de Cassavetes. Aun así, la propuesta utiliza hipérboles y ciertos excesos (muy marcado en las interpretaciones), para llegar a un cine lo más visceral posible. Ambas puestas concentran gran parte de su energía en construir relatos (en un tiempo y espacio acotado) donde la inestabilidad emocional y lo impulsivo convierte a los personajes en impredecibles. Otro recurso muy utilizado en The Partyes la presencia del componente musical para generar tensiones dinámicas en la puesta. Toda esta montaña rusa de disparos (de arma en primera persona, como en Asalto y robo en un tren) y retóricos necesitara de un espectador activo que pueda llevar al pie del cañón las punzantes líneas del guion. Sin lugar a dudas una escena que nos dejara agotados, como en el teatro.

THE PARTY
The Party. Reino Unido, 2017.
Guión y dirección: Sally Potter. Intérpretes: Timothy Spall, Kristin Scott Thomas, Patricia Clarkson, Bruno Ganz, Cherry Jones, Emily Mortimer y Cillian Murphy. Guión: Sally Potter y Walter Donohue. Fotografía: Aleksei Rodionov. Edición: Emilie Orsini y Anders Refn. Distribuidora: CDI Films. Duración: 71 minutos.

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