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Disculpas por la demora” es una de las primeras frases que se escuchan en este documental dirigido por Shlomo Slutzky y Daniel Burak donde la resonancia de los efectos de la última dictadura militar siguen presentes en la memoria y en el presente colectivo.

En principio, una historia familiar de encuentros y desencuentros, de exilios forzados, de hijos abandonados, de memorias compartidas y a la vez olvidadas hace centro en este documental que, a medida que avanza se adentra en el terreno político, haciendo eje en la militancia de los jóvenes en los setenta. Un hijo busca la memoria, la verdad y la justicia sobre la figura de su padre, el Dr. Samuel (Sami) Slutzky- un padre desaparecido al que su propia familia de algún modo negó en su momento, una familia que trató de alejarse de esa historia política, de desapariciones y de torturas. Mariano Slutzky- el hijo, ese extraño protagonista- y su hermana se ven exiliados en Amsterdam, pequeños, sin pertenencias, armando la identidad como pueden, a los tumbos. Aquello que resulta más interesante en primera instancia es esa especie de resentimiento – licito- que siente Mariano hacia su familia de origen. El silencio y el abandono ha signado su vida y la de su hermana, y ahora ya no quiere recuperarlos sino escuchar la versión que ellos tienen de lo sucedido. Esa es una de las maneras en las que Mariano pide justicia. Justicia familiar, una justicia íntima, personal; esa justicia desde donde pueda por fin reconstruir su identidad. Por otra parte existe también, como corresponde, la búsqueda de la justicia social, institucional. En este sentido Mariano participa en el juicio a las juntas, mientras busca fragmentos desde donde reconstruir la historia de su padre y con él la historia de un grupo de militantes peronistas, judíos, montoneros.

Imágenes de archivo se cruzan con el viaje que emprende Mariano- siempre un poco malhumorado, irascible, un poco amargo- desde Amsterdam hasta la Argentina y de ahí hasta Israel. No es por supuesto un viaje iniciático, es un viaje que marca un recorrido de búsqueda de fragmentos, de fotos, de recuerdos, de placas que se descubren, de documentos. Es el viaje como descubrimiento de una historia no sólo de un país sino de un hombre que huérfano, busca a su padre incesantemente. Tal vez, el momento más motivo del documental sea ese en el que Mariano entra a La Cacha –centro de detención clandestino donde estuvo su padre- su recorrido por el parque es doloroso y a la vez es el momento más luminoso de la película. Allí, Mariano, tal vez se encuentra con la figura de su padre, es la primera vez que el hijo tiene los ojos llorosos y el cuerpo desmembrado.

Demasiados temas se abren en este documental que a veces se muestra con demasiados caminos a recorrer, una estructura narrativa un poco más acotado le hubiera dado más fuerza, más cuerpo. Entre la cantidad de relatos que cuenta Disculpas por la demora, también cuenta la historia de la imposibilidad de reconstruir una familia, sin embargo, las nuevas generaciones pueden atender a las fisuras que antaño se han producido. Solo resta esperar que la errancia (física, emocional) a la que estuvieron sometidos los hijos de los desaparecidos, sea superada por una nueva generación, más trasparente, más iluminada.

DISCULPAS POR LA DEMORA
Disculpas por la demora. Argentina/Israel, 2018.
Dirección: Shlomo Slutzky y Daniel Burak. Guión: Malen Azzam, Daniel Burak y Shlomo Slutzky. Fotografía: Daniel Burak. Edición: Marisa Montes, César Custodio y Andrés Tambornino. Música: G.R.U.Z. Sonido: Lucho Corti. Distribuidora: Machaco Films. Duración: 96 minutos.

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