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La impostura en el mundo (el mundillo) de las artes, de la literatura, de la academia, de la cultura en fin, viene siendo un tema recurrente en el cine contemporáneo. Fue abordado recientemente por el sueco Ruben Östlund en The Square y por los argentinos Mariano Cohn y Gastón Duprat en varias de sus películas, entre ellas El ciudadano ilustre o Mi obra maestra (esta ya con Duprat en solitario). La esposa tiene algunos lazos con estas y no solo por retratar estos mismos ambientes, estos mismos rituales, estas mismas miserias. Con The Square comparte además el origen de su realizador, Björn Runge, que aquí filma por primera vez con producción y elenco anglosajón, y con El ciudadano ilustre la excusa argumental de la célebre y también discutida ceremonia de los premios Nobel, en particular el más discutido: el de Literatura. Acá lo hace desde un abordaje más íntimo y también más sensacionalista. Además de que, a diferencia de las anteriores, la crítica no se hace desde el humor.

Basada en la novela homónima de la escritora Meg Wolitze tiene como protagonista a Joan Castleman (Glenn Close), esposa y supuesto sostén de Joe Castleman (Jonathan Pryce), un escritor prestigioso y muy cómodo con su celebridad. Cuando Joe presenta a Joan en encuentros sociales lo hace con la fórmula “mi esposa no escribe”. Lo cual no es realmente cierto, no solo porque ambos se conocieron siendo ella alumna y él profesor de literatura, sino porque a lo largo de sus 40 años de relación el papel de Joan es algo más importante que el de simple acompañante. Cuando a Joe le comunican que ha sido nominado al Nobel de Literatura, la pareja viaja a Estocolmo para los preparativos de la ceremonia junto a su hijo (Max Irons), también aspirante a escritor. El comportamiento egoísta e infantiloide de Joe y las frustraciones largamente añejadas de Joan, sumando la intervención de un aspirante a biógrafo (Christian Slater) con ganas evidentes de rascar mugre, van a generar una escalada de tensión en la pareja. La paciencia de Joan se está agotando, con el peligro de que salgan a la luz más que un par de trapos sucios.

La película se toma un buen tiempo en decir explícitamente lo que es evidente desde un principio. Parte del chiste del asunto es jugar con el suspenso acerca de si la verdad saldrá o no a la luz, sobre todo cuando ya es demasiado tarde para que se haga de manera limpia o indolora o para ahorrarse el escándalo y el escarnio. El planteo es un poco tirado de los pelos y algo inverosímil, algo que puede ser achacable a la novela en que se basa el guión. En un flashback, una joven Joan le hace una devolución a Joe sobre su primera novela y le advierte que sus personajes son clichés. No es algo muy diferente de lo que podría decirse de los personajes de la película: La esposa sufrida y abnegada, el marido vanidoso y decadente, el hijo frustrado, el biógrafo carroñero. Lo que les da carnadura a estos personajes son las actuaciones, que son lo mejor de la película y lo que la sostiene. En especial la de Glenn Close que tiene sus momentos de estallido pero que logra expresar todo cuando está contenida. Es ella la que, aun cuando la premisa no lo es, hace verosímil la rabia, la frustración y la humillación con la que Joan debe convivir diariamente y además da dignidad a su personaje, que pese al lugar subsidiario al que su marido la redujo, no quiere jugar el papel de víctima.

Los diálogos son sagaces y filosos aun cuando las situaciones son gruesas y previsibles: las peleas, la insatisfacción del hijo que tiene que vivir a la sombra del nombre de su padre, la torpe vanidad del escritor adulado, la manera sinuosa en que el biógrafo se aproxima a hacer su jugada. La puesta en escena de Runge no ofrece a nivel visual más que algunos planos aéreos de Estocolmo nevada, mientras acompaña de manera rutinaria los devenires de este círculo intelectual, culto, amigo del sarcasmo, preocupado por las apariencias y el juicio ajeno. En general, estas películas que critican el mundillo cultural, incluidas las mencionadas al principio, suelen hacerlo desde un cierto desdén intelectual, sin privarse del cinismo que critican. La esposa no es muy diferente en esto aunque lo hace más desde una supuesta altura moral. El otro tema que sobrevuela es el sometimiento y la desvalorización de la mujer. Incluso la propia Glenn Close trato de relacionar el film con el movimiento ”Me Too” a pesar de lo superficial de semejante conexión. Demasiadas pretensiones para una película convencional desde lo narrativo y de lo formal.

LA ESPOSA
The Wife. Reino Unido/Suecia/Estados Unidos, 2017.
Dirección: Björn Runge. Intérpretes: Glenn Close, Jonathan Pryce, Christian Slater, Harry Lloyd, Max Irons, Annie Starke, Alix Wilton Regan.Guión: Jane Anderson, sobre la novela de Meg Wolitzer. Fotografía: Ulf Brantas. Música: Jocelyn Pook. Edición: Lena Runge. Dirección de arte: Caroline Grebbell, Paul Gustavsson, Martin McNee. Diseño de Producción: Mark Leese. Distribuye: BF Paris Films. Duración: 100 minutos.

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