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Dos horas veinte que se pasan rápido, que molestan e incomodan, que provocan indignación y malestar. La condena a la presidenta Dilma Rousseff, a su partido, a su líder Lila da Silva y a una muy buena parte del pueblo, el verdadero pueblo brasileño, son narradas de manera eficaz por la directora Maria Augusta Ramos.

El bunker de la derrota dirán muchos, los mismos que aplauden la victoria parlamentaria no fundamentada con argumentos sólidos, a través de discursos que causan mínimamente cierto estupor de solo escucharlos.

Se dirá, también, que la política brasileña, sus virtudes y defectos, sus zonas transparentes pero también sus miserias cotidianas, solo merece ser analizada desde el conocimiento del que nació y vive en Brasil, de aquel que conoce el paño porque está allá y sabe sobre el tema y no a miles de kilómetros.

Una estupidez suprema, una falsedad casi oscurantista.

Con ese pensamiento apriorístico se despolitiza y no podría opinarse sobre nada, por ejemplo, en relación a aquel documental concebido por dos cineastas irlandeses: sí, me estoy refiriendo a La revolución no será televisada, el germen del movimiento bolivariano de Venezuela y la entronización de su líder Hugo Chávez.

El documental de Ramos es diferente, lejos del registro alocado y de comedieta inconsciente que gobernaban las imágenes de ese golpe de estado frustrante sobre la figura de Chávez y de aquel liderazgo.

El “derrocamiento” de Dilma está trabajado desde el encierro, la estrategia, la reunión de funcionarios, las fotos para la ocasión, la sonrisa para el afuera, el voto dudoso y el voto certero, el discurso creíble y el discurso falso, la creencia por los valores democráticos y la des-confianza por esos mismos valores. O, para que se entienda, la palabra democracia expresada con fundamento o, por lo contrario, dicha desde la más absoluta superficialidad.

El crescendo dramático del documental se aferra a esos ítems estéticos y narrativos, no necesitando de la voz en off ni del subrayado pletórico que apunta pura y exclusivamente a la emoción.

El trabajo de cámara, en ese punto, es certero y minucioso: basta con ver los rostros tristes y desencajados en contraste con aquellos que festejan la expulsión del poder de un gobierno popular elegido por las urnas.

Las últimas imágenes, locuaces por sí solas, describan la represión policial del gobierno de Temer a los manifestantes pacíficos que detestan y rechazan sus decisiones.

Un humo oscuro, negro, denso y árido gobierna el último plano.

Este domingo, en solo cuarenta y ocho horas, se vota en Brasil.

Mucho más que un candidato u otro.

EL PROCESO, HISTORIA DE UN GOLPE
O processo. Brasil/Alemania/Holanda, 2018.
Dirección: Maria Augusta Ramos. Fotografía: Alan Schvarsberg. Sonido Marta Lopes. Edición: Karen Akerman. Productores: Maria Augusta Ramos, Gudula Meinzolt, Paulo de Carvalho y Wout Conijn. Con Gleisi Hoffmann, José Eduardo Cardozo, Janaína Paschoal, Dilma Rousseff, Michel Temer, Hélio Bicudo, Miguel Reale Júnior, Eduardo Cunha, Romero Jucá, Sergio Machado, Raimundo Lira y Antônio Anastasia. Duración: 139 minutos.

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