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Jeremy Saulnier llamó la atención con su segundo largometraje Blue Ruin (2013), que se pudo ver aquí en la edición del Bafici de ese año y ganó varios premios internacionales, entre ellos el premio Fipresci del Festival de Cannes. Se trataba de una historia de venganza que se desmadraba y donde todo salía horriblemente mal, como suele pasar en las historias de venganza cuando son tomadas en serio y no como apenas un trámite. Su siguiente largometraje, Green Room (2015) confirmó todo lo bueno que se esperaba de él, con un relato a la Deliverance, donde los rednecks violentos son reemplazados por skinheads neonazis violentos (OK, no son muy diferentes) acechando a un grupo de hardcore punk que tenía la mala idea de cantarle el Nazi Punks Fuck Off de los Dead Kennedys a un bar rural lleno de supremacistas y la mala suerte de estar en el lugar equivocado para ser testigos de un asesinato. En aquel relato que era de supervivencia en territorio hostil, la venganza también jugaba un rol fundamental.

Ahora Saulnier estrena su más reciente largometraje, Hold the Dark, producido y exhibido por Netflix, y arranca también como una historia de venganza. Russell Core (Jeffrey Wright, el sufrido Bernard de Westworld) es un escritor especialista en lobos que es convocado por Medora (Riley Keough) a un asentamiento rural en medio de un territorio inhóspito en Alaska. El motivo de este llamado de lo salvaje está motivado en que el hijo de Medora desapareció sin dejar rastros y, según ella, son los lobos que merodean la zona en manadas salvajes y hambrientas los que se llevaron a su hijo ahora, a su otro hijo anteriormente, y a varios niños de la zona. Medora pretende no que Russell recate al chico, lo cual obviamente a esta altura es un imposible, sino que encuentre al lobo que se lo llevó y lo mate para vengar su pérdida. Los motivos de Medora para hacer ese llamado pueden parecer comprensibles aunque suenen disparatados, los motivos de Russell para aceptarlo son menos claros y se irán develando en el transcurso. Cuando las cosas ya se pusieron bien feas por razones que no vamos a revelar, viene a sumarse Vernon (Alexander Skarsgård), el marido de Medora, enviado directo desde la guerra de Irak y enterado del curso desgraciado de los acontecimientos, para desencadenar con su llegada una serie incontrolada de hechos de sangre.

Lo que arranca como una historia de venganza se complejiza, le sigue otra historia de venganza y después algo que es aún más siniestro. Saulnier juega con las expectativas del espectador para subvertirlas y lo que ofrece a cambio es siempre peor de lo que uno imagina. El título original, Hold the Dark, puede traducirse como “detener la oscuridad” pero también como “abrazar la oscuridad”. Esa dualidad está presente en el film, aunque en esa disputa la segunda lleva las de ganar. Los personajes abrazan la oscuridad y el realizador los acompaña en ese viaje al fin de la noche a través de una atmósfera lúgubre y opresiva y de un tono fatalista que puede pecar de gravedad pero que se ajusta naturalmente al relato y cada tanto libera la tensión en estallidos de violencia.

El paisaje juega un rol protagónico, como un lugar helado y hostil en el cual los personajes se sumergen y a la vez se dejan penetrar. Por el paisaje que los rodea, por el hielo, el silencio y la noche. Y los lobos, claro, que son parte fundamental de ese paisaje. Los lobos en su vertiente de terror infantil, como esas criaturas feroces y malignas que acechan en el bosque y se llevan a los niños. Su versión medieval, digamos, a la cual se le viene a superponer otra (¿más iluminista?) del hombre como lobo del hombre. El lobo como una excusa o como metáfora de la oscuridad que anida en el corazón de los hombres. Porque de eso se trata finalmente, de los hombres, de lo que son en esencia y de lo que se hacen entre sí. La violencia pasa al frente y se descontrola como en otros films de Saulnier y al igual que en estos no puede sino ser cruda, excesiva y arbitraria. En alguna escena se pasa un poco de rosca, como en un tiroteo interminable y catastrófico, pero está filmada con tal pulso y maestría que se vuelve atrapante e hipnótica.

Hay un cierto elemento presente que alude al orden de lo sobrenatural, como algo sugerido. A una oscuridad que es inherente y atávica. En ese viaje algunos personajes tienen que atravesarla quizás para lograr una suerte de redención. Otros simplemente para entregarse y hundirse en ella. A diferencia de sus dos films anteriores que eran más directos y precisos (no contamos el primero, Murder Party, que es más un ejercicio de humor negro), en Hold the Dark, Saulnier está más interesado en producir y sostener atmósferas y generar ciertos climas y estados de ánimo antes que en una trama que cierre por todos lados o que dé todas las explicaciones. Lo cual puede resultar frustrante para quien espere todas las respuestas al final, pero puede ser satisfactorio para quien quiera sumergirse en la experiencia y, al igual que su personajes, abrazar la oscuridad, aunque sea por un par de horas.

HOLD THE DARK (NOCHE DE LOBOS)
Hold The Dark. Estados Unidos. 2018.
Dirección: Jeremy Saulnier. Intérpretes: Jeffrey Wright, Alexander Skarsgård, Riley Keough, James Badge Dale, Julian Black Antelope.Guión: Macon Blair, sobre la novela de William Giraldi. Fotografía: Magnus Nordenhof Jønck. Música: Brooke Blair, Will Blair. Edición: Julia Bloch. Dirección de Arte: Abdellah Baadil, Paul Healy. Diseño de Producción: Ryan Warren Smith. Duración: 125 minutos

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